lunes, 11 de noviembre de 2013

Un libro para los maestros. México 2012: La reforma educativa.



México 2012: La reforma educativa.

Por Lisardo Enriquez L.

Con el sello editorial de Cal y Arena, en los últimos meses del  año anterior apareció un libro coordinado por Gilberto Guevara Niebla titulado México 2012: La reforma educativa,  el cual se integró con las ponencias que catorce participantes presentaron en un seminario sobre el futuro de la educación en nuestro país. Los investigadores y expertos en políticas públicas incluidos son: Eduardo Andere, Juan Delval, Roger Díaz de Cosío, Manuel Gil Antón, Julio César Gómez, Otto Granados Roldán, Miguel Limón Rojas, Carlos Mancera, Francisco Miranda López, Carlos Muñoz Izquierdo, Felipe Tirado, Manuel Ulloa, Pedro José Zepeda y el coordinador de la obra.

Este libro se divide en dos partes. En la primera viene una introducción escrita por Guevara Niebla y a continuación los textos preparados por cada uno de estos estudiosos del fenómeno educativo. La segunda parte está constituida por el debate que se dio entre los participantes durante el Seminario citado. Se trata de un texto con puntos de vista diversos, con temáticas complementarias entre sí y donde, al mismo tiempo, se advierte la preocupación por los problemas de la educación y el deseo de contribuir a la clarificación de los mismos.

Entre los datos relevantes que podemos encontrar están por ejemplo los que se refieren a la comparación del gasto por alumno en México y el promedio de la OCDE (a la cual gusta a ciertos empresarios referirse para decir que nuestro país está muy mal en educación, tratando de decir que por falta de preparación y dedicación de los maestros). Pues bien, en educación primaria México gasta por alumno 2,111 dólares (27,231.9 pesos), en tanto el promedio de la OCDE es de 6,741 dólares (86,958.9 pesos). En secundaria México gasta 2,236 dólares (28,844.4 pesos) por alumno, en tanto el promedio de la OCDE es de 8,267 dólares (106,644.3 pesos). No es necesario hacer explicación alguna sobre el particular. Pero no es sólo eso en cuanto a la inversión de recursos económicos: los salarios de los maestros mexicanos son también de los más bajos de la OCDE.

 Uno de los problemas que se mencionan es el del rezago educativo que cada año en lugar de disminuir aumenta. Díaz de Cosío dice que la razón principal está en la deserción en secundaria que es de cerca del 20%, la cual urge reducir. Otro grave problema está en el bachillerato donde desertan o no terminan a tiempo casi el 40% de los alumnos inscritos. En atención a la preparación de los maestros el problema radica en que no se parte de lo que ellos necesitan para su desempeño profesional. Esto mismo ocurre cuando se decide emprender una reforma educativa sin consultarlos. En este último caso el investigador Muñoz Izquierdo dice: “Toda reforma tiene que pasar necesariamente por los profesores, ellos son el vehículo”.

Uno de los expertos en políticas públicas, Miguel Limón Rojas, quien fuera Secretario de Educación Pública de 1995 a 2000, sostiene que “. . .descalificar a la educación pública por las grandes debilidades que existen, por los muchos asuntos que ameritan reprobación y correctivos no tiene que llevar a desconocer el valor del trabajo que realizan decenas de miles de maestros respetables, que hacen su tarea responsablemente en las escuelas del país. Esto no puede ser desconocido”.

Finalmente, el investigador Manuel Gil Antón afirma que “. . .  los españoles están defendiendo la escuela pública que es la que les ha permitido ser y nosotros estamos transmitiendo la idea de que la escuela pública mexicana es un desastre, con profesores ignorantes que necesitan ser evaluados-lo cual es además un error grosero e irrespetuoso-”.

Este libro, por lo tanto, tiene opiniones muy certeras respecto a la situación actual de la educación en México. Es útil para comprender o recordar cuáles son los problemas más significativos en el terreno de la educación. No es un libro con propuestas metodológicas ni técnicas, sino de expresión de cómo estamos, qué nos falta para llegar a mejores planos. Los autores son reconocidos en nuestro país y en el extranjero. Por ello mismo, esta obra contribuye al debate sobre la educación.


 Artículo preparado para el Colegio de Profesores del Estado de Veracruz


domingo, 13 de octubre de 2013

Noventa Aniversario de las Misiones Culturales.



Misiones Culturales. 1923-2013


Por Lisardo Enríquez L.

A partir de la reunión nacional celebrada el 19 de julio de 2012 en la Ciudad de Puebla, la Fundación “José Vasconcelos, A.C.” se propuso realizar un gran festejo nacional con motivo de cumplirse noventa años de la creación de las Misiones Culturales. El propósito encontró concreción durante la reunión nacional que se llevó a cabo el 14 de diciembre de ese mismo año en Cuaxomulco, Tlax., con la presencia de maestras representantes del Comité Ejecutivo de la Sección 31 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

Estos antecedentes son importantes porque marcaron la pauta de este significativo acontecimiento que ya para este 28 de septiembre se manifestaron en la presentación del Proyecto de Conmemoración del XC Aniversario de las Misiones Culturales Rurales, cuya realización tendrá como escenario precisamente la capital del estado de Tlaxcala. El viernes 29 de noviembre se hará la recepción a las delegaciones procedentes de 12 estados de la república de 15 a 18 horas, culminando con un programa de bienvenida y una verbena popular.

El sábado 30 de noviembre a las 11 horas será inaugurado el evento y habrá exposiciones artesanales de cada uno de los estados participantes. De 17 a 19 horas habrá un desfile conmemorativo por las principales calles de la ciudad. El domingo 1 de diciembre se harán dos presentaciones artísticas por parte de las delegaciones de cada uno de los estados participantes, la primera de 11 a 13 horas y la segunda de 17 a 19. A las 21 horas de ese mismo día se entregarán reconocimientos especiales y se hará la declaratoria de clausura. Se tiene estimada la presencia de un contingente aproximado de 600 personas que participarán en esta trascendente conmemoración misionera.

La iniciativa de la Fundación Vasconcelos ha contado con la simpatía de las autoridades civiles, educativas y sindicales del estado de Tlaxcala, pero es necesario destacar que la Sección 31 del SNTE es la instancia que a través de su Secretario General, el Profr. J. Carmen Corona Pérez, asumió el compromiso de solventar los gastos de alimentación y hospedaje de los visitantes y de organizar conjuntamente con los directivos de educación del estado y los maestros misioneros todos los aspectos técnicos y operativos de esta conmemoración.


Desde que estos servicios para el desarrollo educativo y comunitario dejaron de tener una coordinación nacional, es la Fundación José Vasconcelos como asociación civil la que genera encuentros de diverso tipo entre las Misiones Culturales del país, recuperando así el valor que les dieron sus creadores en 1923 y su segundo impulso a principios de los años cuarenta del siglo anterior, especialmente al hacerse cargo de la Secretaría Don Jaime Torres Bodet, quien había sido colaborador del Lic. José Vasconcelos. Los misioneros de la cultura reciben con beneplácito esta deferencia de los hermanos del estado de Tlaxcala, donde celebrarán con dignidad los noventa años de servir a México. 

(Artículo publicado en Diario de Xalapa, el 12 de octubre de 2013)

Los cambios en la educación: del dicho al hecho.



Los efectos del Neoliberalismo. 


Por Lisardo Enríquez L.

El neoliberalismo llegó a su máxima expresión, luego de que el partido que gobernó durante doce años entregara la estafeta poniendo a los entrantes las mismas condiciones que los Estados Unidos de Norteamérica, los organismos internacionales y los grupos empresariales del país. De manera que el actual gobierno federal tomó el único camino que le dejó la presión interna y externa de los dominios económicos pero, además, con gusto. El desprecio por la prole se ve que fue aprendido en casa.

Hasta hoy no se visualiza una reacción para enmendar lo que se decidió con un grupo de personajes que en las fotografías muestran una gran semejanza con los científicos del porfiriato y que se trató de presentar como “el sentir de las mayorías”, esto es, la reforma a los Artículos 3º. Y 73 de la Constitución Política. Un diario nacional dice el viernes 4 reciente que la SEP abrió un sitio web para difundir “la reforma educativa” y desmentir los “mitos” en torno a ella, en donde se afirma: “No se aplicarán exámenes imposibles de acreditar; la educación no se privatiza; la iniciativa no fue impuesta por organismos internacionales; los maestros que reprueben no perderán su plaza; no se establecerán cuotas en las escuelas; no pretende desaparecer al sindicato o quitar derechos a los docentes”. Ese es el dicho.

Los hechos son completamente opuestos. Comenzó a circular hace unos días la “Guía Básica para colaborar voluntariamente en acciones de mantenimiento escolar” (¿voluntariamente?), en la cual se detallan las distintas actividades para el mantenimiento de los edificios escolares. Una lectura simple refleja que esto va en el sentido de reducir poco a poco lo que es la gratuidad de la educación y le empieza a pasar los costos a los padres de familia, ¿o no?

Pero esa guía es sólo el comienzo. Lo que se había anunciado como un diagnóstico para conocer la cantidad de escuelas, su estado, así como el número real de maestros, etc., está resultando otra cosa muy diferente. Están desplazándose a diversos lugares brigadas del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) para recabar información que se relaciona única y exclusivamente con cada uno de los trabajadores de las escuelas. También aquí hay una lectura obvia: se trata de incidir en la situación de cada uno de los maestros solamente, ¿En qué sentido? Eso no se sabe pero se intuye porque no hay explicación alguna. En esta, como en otras acciones, están dando la cara algunos presidentes municipales, actuando como inspectores escolares y casi como inquisidores, lo cual por supuesto no es por pura iniciativa propia, y si acaso lo es tienen que pararlos porque esas no son sus atribuciones. Los brigadistas del INEGI, por lo menos en algunos casos, también actúan como esquiroles preguntando a los docentes si saben lenguas indígenas y otras cosas que no contempla “su cuestionario” y que tampoco puede ser por mera casualidad. Como se puede ver, del dicho al hecho hay mucho trecho. Para una persona normal la pregunta sería: por qué tanta mentira y por qué tanta insistencia en ella.


Estas reformas se tienen que derogar. Sino hoy mañana. Porque están completamente fuera de lugar. Mientras se sigue la línea de desarticular la protesta con agentes dispuestos a jugar ese papel, o por agotamiento completo de los participantes o, lo más grave, mediante la fuerza que con ansia esperan los Anayas, los Villarreales, los Maderos, los Lozanos y, por cierto, los Chuayffetes. Estos últimos dicen que traerán grandes novedades pedagógicas de Alemania, lo que hace ver que en México ninguna experiencia educativa vale la pena rescatar, ni siquiera las necesidades actuales existentes en ese terreno. Así estamos.

(Artículo publicado el 7 de octubre en Diario de Xalapa)

domingo, 6 de octubre de 2013

Maestros, padres de familia y reformas a la constitución.


Por Lisardo Enríquez L. 


El sistema educativo mexicano tiene grandes y numerosas deficiencias que atender. Es un sistema complejo por sus dimensiones,  por la diversidad existente en maestros y alumnos, así como por las condiciones de las escuelas. Hay un enorme rezago educativo: más de 30 millones de personas mayores de 15 años que no cuentan con educación básica, aproximadamente 10 millones de jóvenes que no están estudiando, que tampoco están preparados para acceder a un buen empleo y que tampoco se sabe a qué se dedican. Como estas, se pueden seguir señalando otras limitantes.

Diversos sectores, grupos y organizaciones podrían ser convocados para resolver estos y otros problemas. El magisterio tiene que ser convocado a asumir el compromiso de mejorar su tarea. Pero es necesario delimitar responsabilidades y emprender un gran movimiento que atienda las desigualdades, la pobreza, el empleo y lo que hace falta en la educación. El problema es que las reformas emprendidas este año tienen otro propósito, están claramente inclinadas a favorecer a los empresarios y a quienes están de su parte. Eso daña a la mayoría de la población mexicana, que ya de por si se encuentra en un alto nivel de pobreza.

Se esperaba con ansias una reforma educativa global, integral, que moviera conciencias y voluntades para llevar a nuestro país a mejores niveles. Lo que hay hasta ahora, anunciado como reforma educativa, son reformas a la constitución, en donde apareció el magisterio como culpable único de lo que ocurre en este sector. En el libro La reforma constitucional en materia educativa: alcances y desafíos, coordinado por Rodolfo Ramírez Raymundo y editado por el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, el investigador Olac Fuentes Molinar afirma “Sin duda, el maestro no es el único elemento responsable de la calidad de los resultados educativos”. Y así es. Pero no se ha reconocido públicamente hasta ahora que hay muchos factores que inciden en esta problemática, y se fueron directo a señalar al maestro como causante de todos los males.

Entre los argumentos que se dan sobre las deficiencias educativas, se señalan los resultados obtenidos en las pruebas de los países que participan en la OCDE, en los cuales a México no le ha ido bien. No se dice que en esa organización no participan todos los países y tampoco, algo fundamental, que los ingresos de los maestros mexicanos son de los más bajos de la OCDE. En lo interno, las autoridades se han dejado llevar por quienes, entre otros, promovieron, produjeron y difundieron la película “De panzazo”. Insisto, la realidad es más compleja.


Históricamente los padres de familia han estado con los maestros. Existe una identificación en cuanto a los problemas de unos y otros y ha existido siempre una colaboración recíproca. El momento que se está viviendo afecta por igual a toda la gente que no forma parte de los grandes ricos. Una de las cuestiones que se vienen es que los padres de familia solventen los gastos de todas las necesidades de las escuelas. ¿No se afecta con esto la gratuidad de la educación y el bolsillo de por sí ya deteriorado de las familias? 

Artículo publicado en 24 de septiembre de 2013 en Diario de Xalapa. 

domingo, 22 de septiembre de 2013

Sensibilidad ante los reclamos sociales.

Manifestación de maestros en Xalapa, Ver. 


Por Lisardo Enríquez L.

El poeta, ensayista y Premio Nobel de Literatura Octavio Paz renunció a su cargo de embajador de México en la India a raíz de los hechos sangrientos del 2 de octubre de 1968. En febrero de 1970 publicó su libro Posdata, en el que entre otras muchas cosas dice: “Hubiera bastado con oír lo que el pueblo decía a través de las peticiones juveniles; nadie esperaba un cambio radical pero sí mayor flexibilidad y una vuelta a la tradición de la Revolución mexicana, que nunca fue dogmática y sí muy sensible a las mudanzas del ánimo popular”.

Hoy, ante los reclamos del magisterio nacional hace falta demostrar capacidad de negociación auténtica por parte del gobierno federal. Se insiste en que los maestros inconformes son una minoría y en que están desinformados. No es así. Las evidencias son claras. Han sido largos años en que unos cuantos deciden por la mayoría. Nuestra nación debe saltar a formas democráticas reales en donde haya participación efectiva de todos.

Los voceros hablan de reforma educativa en la que está plasmado el interés de la mayoría de la población. No es así. A los únicos que se consultó para elaborar las reformas a la constitución y para hacer las llamadas leyes secundarias es a los integrantes del llamado pacto por México. Tan sencillo que los profesores puedan ser partícipes de lo que se debe hacer, ello por supuesto da mayor legitimidad al propio gobierno y además está previsto en las normas. Se repite con insistencia que los derechos no sufren alteración alguna. Pero el contenido de la ley, ahora promulgada, dice otra cosa. Por otro lado, se intenta enfrentar a los ciudadanos con los maestros de muy diversas maneras.

Hay aquí una forma de entender el principio de autoridad como decisión unilateral que viola las leyes a las que se apela. En el problema que se está viviendo en estos días están involucrados los intereses económicos y de personalidad de grupos muy fuertes de los partidos mayoritarios, de agrupaciones empresariales y de quien o quienes aconsejan las reformas. Destacan aquellas personas que llaman a la represión del magisterio que hoy protesta, las cuales pertenecen precisamente a esos partidos y a quienes habrá que responsabilizar desde ahora de hechos que pudieran afectar la integridad física de los docentes en cualquier lugar del país, individual o colectivamente.


El Dr. Roger Díaz de Cosío, funcionario de la SEP en varias administraciones, en una de sus más recientes aportaciones dice: “Se trata como niños a los maestros, a los niños y a los jóvenes: se les dice con gran precisión lo que deben hacer, en cada hora de clase, todos los días del año escolar. No se les da tiempo para que ejerzan su propia iniciativa”. ¿No sería mejor comenzar de esta manera lo que podría ser realmente una reforma educativa, generando metodologías en donde alumnos y maestros puedan tener iniciativas propias, aprendiendo realmente a pensar y a ser creativos, por ejemplo? Estas decisiones no corresponden realmente a la mayoría de los mexicanos.

(Artículo publicado el 13 de septiembre de 2013, en Diario de Xalapa)

jueves, 19 de septiembre de 2013

Cinco siglos de rebeliones indígenas en México.



Por Lisardo Enríquez L.

De acuerdo con la historia diseñada para la escuela básica, y lo que ha sido en general  la historia oficial en nuestro país, los grupos indígenas se defendieron de los europeos durante la conquista y nada más. Tal parece que después aceptaron dócilmente el yugo español; que vieron resignados su destino. Pues nada de eso. Las etnias originarias de México han desarrollado una fuerte resistencia ante todo aquello que ha sido despojo y anulación de su identidad desde el siglo XVI hasta nuestros días. Primero se rebelaron en contra del colonialismo que duró tres siglos. Después, han seguido luchando frente a fuerzas que de muy diversas maneras los han marginado en lo físico y en su cultura.

Al respecto, se han publicado diversas obras sobre rebeliones indígenas en México, y sobre rebeliones de algunos grupos étnicos en particular. Dos autores han dedicado sus investigaciones a este campo especialmente: Miguel Bartolomé y Alicia Barabas. De esta última, el libro Utopías indias, Movimientos sociorreligiosos en México, de editorial Grijalbo de 1989, sirve de sustento a este comentario.

Para ubicar los conceptos que dan título a la obra de Barabas es necesario remitirse al significado literal de la palabra utopía, que la explica como ilusión, sueño, fantasía; no hay tal lugar;  o, sociedad ideal en la cual las relaciones humanas se regulan armoniosamente. Sin embargo, varios pensadores han sostenido que en la imaginación utópica se encuentra la clave de la libertad cuando se  la lleva a la realización concreta de lo que se ve como un sueño, que en lo general es la esperanza de un mundo mejor. Para los grupos étnicos de América vino un momento, el siglo XVI, en que su proceso de civilización quedó truncado. De ahí el deseo de los propios indígenas de recuperar lo que les fue interrumpido desde la conquista, pero no como un simple regreso a lo que fue, sino también en una perspectiva de futuro en la que se combinan y reinterpretan elementos de la cultura del dominador y de la propia. Es así como en la mente y en la acción de las culturas indígenas se dan los movimientos de resistencia, unos completamente violentos, y otros no necesariamente con esa característica.

La autora dice lo siguiente: “Los movimientos sociorreligiosos son fenómenos culturales y políticos que surgen en culturas y sociedades en las que religión y política son esferas profundamente interconectadas” (p.3). En dichas sociedades, la cosmovisión religiosa es el fundamento para comprender el mundo social;  en esa cosmovisión tiene su origen la rebelión, y es ella la que guía la acción. Los movimientos indígenas de México, del siglo XVI al siglo XX, “son prueba de la voluntad y praxis descolonizadora de los grupos étnicos, que  nunca se resignaron a someterse definitivamente a la situación colonial. . .”p.56.

Ninguno de los movimientos indígenas de insurrección llevados a cabo llegó a abarcar todo el territorio de lo que hoy es México, pero se trató de fuertes rebeliones étnicas en contra de las relaciones de dominación que, además, no fueron espontáneas sino proyectos deliberados, pensados y planeados. En la mayoría de los casos estos movimientos han sido recurrentes. Hay grupos étnicos que aún en nuestra época siguen levantándose en armas o en acciones de protesta en contra de la segregación y del despojo, como es el caso de los chinantecos y los mazatecos, así como de los mayas de Chiapas y, muy recientemente,  de los triquis y los zoques de Oaxaca.

Los motivos de las rebeliones indígenas han sido, principalmente, el deseo de recuperar las tierras que les han sido expropiadas, liberarse de la opresión, del trabajo de explotación de que han sido objeto, así como de los malos tratos de las autoridades tanto del orden civil como del eclesiástico, buscando volver a sus propias creencias y costumbres y a sus propios sistemas de gobierno. En el caso de la tierra, es ampliamente conocido que para las culturas indígenas no se trata de un bien material, sino de una relación indisoluble con la naturaleza, se trata de una relación sagrada que es el fundamento de su propia identidad.

Las investigaciones de Barabas arrojan que los escenarios donde se presentaron estas rebeliones fueron los territorios de lo que actualmente son los estados de: Yucatán, Campeche, Chiapas, Oaxaca, Guerrero, San Luis Potosí, Durango, Jalisco, Nayarit, Sinaloa,  Chihuahua, Sonora y Baja California. Algunos de los grupos que protagonizaron estas rebeliones están extinguidos. También es importante saber que los pueblos que anteriormente estaban enemistados, muchas veces se unieron para enfrentarse a los conquistadores. Los rebeldes que formaron parte de estos movimientos, en ciertos casos llegaron a sumar miles, y en muchos encuentros con los españoles, de igual manera, llegaron a caer en combate miles de indígenas, sobre todo por la desigualdad en la cantidad y tipo de armamento.

En relación a la resistencia indígena, Guillermo Bonfil escribió: “Si la violencia ha sido el instrumento permanente de la dominación, los pueblos indios también han recurrido a ella para rechazar la sujeción y reivindicar la libertad. La historia registra una cadena incesante de guerras de defensa ante la invasión y de sublevaciones contra la opresión colonial, que dan cuenta de la no-conquista, de la rebeldía y la afirmación histórica de los pueblos indios y su voluntad de permanencia” (1).

Todavía en la primera mitad del siglo XVI, a pocos años de realizada la conquista por parte de los españoles, se suceden levantamientos indígenas entre los mayas del sureste, los yopes que habitaban en lo que ahora es el estado de Guerrero, los zapotecos y mixtecos en lo que es el estado de Oaxaca, así como entre los indios de la sierra de Nayarit, presumiblemente coras y tepehuanes, y entre los cazcanes en lo que actualmente es el estado de Jalisco y áreas circunvecinas. Estos últimos abandonaron sus pueblos, se concentraron en un lugar elevado, estratégico e inaccesible llamado el Mixtón, y se enfrentaron en repetidos combates a los españoles, hasta que finalmente fueron derrotados muriendo en la lucha más de seis mil hombres de este grupo étnico.

Para finales del siglo XVI, las principales rebeliones indígenas tienen lugar entre los acaxées (en lo que actualmente es el estado de Durango), los tehuecos (en lo que es el estado de Sinaloa) y los guachichiles (que vivieron en lo que actualmente son los estados de San Luis Potosí y Jalisco). Otro movimiento de rebelión en esta etapa fue el que se llevó a cabo entre los mayas de Campeche, por motivos exclusivamente religiosos. Este movimiento fue encabezado por Francisco Chi, quien junto con sus capitanes fue condenado a muerte. Así, fueron ahorcados, decapitados, y sus cabezas clavadas en unos postes en la plaza pública para que sirviera de advertencia a todos los indígenas.

Al iniciarse el siglo XVII vuelve a surgir la rebelión de los acaxées, después la de los tepehuanes en 1616, que en uno de los combates perdieron más de quince mil guerreros, y que a partir de estos resultados fueron prácticamente exterminados. En 1624 estalló una sublevación  entre los mayas de Yucatán, su dirigente fue capturado sometiéndolo para que confesara y se convirtiera al cristianismo, pero como estaba resuelto a permanecer fiel a sus creencias fue ahorcado. Para 1636 los mayas de Quintana Roo se rebelaron, quemaron pueblos y huyeron al monte. En 1632 los guazaparis (en el sur de lo que hoy es el estado de Chihuahua) se rebelaron en contra de colonos españoles y de religiosos jesuitas. En esta zona se encontró una rica mina de plata donde se establecieron los españoles. Otro caso sucedió en el área del centro minero de Parral, territorio de indios nómadas que formaron la Confederación de las siete naciones, la cual incluía a los siguientes grupos: salineros, tobosos, conchos, julimes, cabezas, colorados y mamites. Éstos finalmente se rindieron, fueron castigados duramente y obligados a asentarse en los pueblos de donde procedían.

En la segunda mitad del siglo XVII se sublevaron los tarahumares (que habitaban en lo que actualmente son los estados de Chihuahua, Sonora y Sinaloa). Esta rebelión en realidad tuvo un primer brote en 1646, pero resurgió en 1650 dirigida por Teporaca, un líder valiente y de gran astucia que exhortaba a su gente a matar frailes y españoles, a profanar los objetos sagrados y a negar la obediencia que habían jurado al rey de España. En 1660 tuvo lugar una fuerte rebelión comandada por zapotecas, mixes y chontales en Tehuantepec, Nejapa, Ixtepeji y Villa Alta, debido a los abusos que cometían los españoles, incluso los frailes.

De una rebelión que se desarrolló en el norte (Nuevo México) entre 1680 y 1696, dice Barabas: “Durante dieciséis años, cerca de 25 mil indios de pueblos ya reducidos, preparaban calladamente los planes de una gran sublevación que se inició el 10 de agosto de 1680, en la que también participaron numerosos indios gentiles de diversas rancherías. Primero atacaron templos y monasterios, y luego marcharon sobre la capital, Santa Fe, obligando a sus moradores a evacuar la villa. . . Durante 1694 los keres, jemes, apaches y teguas atacaron poblaciones españolas, con sólo breves momentos de calma entre los brotes de rebelión, todos motivados por los injustos reacomodos a que eran sometidos los indios. Hasta 1696 los españoles lograron pacificar a los rebeldes permanentemente”. (2).

Ya para terminar el siglo XVII ocurrió la rebelión de los conchos (en lo  que ahora es el estado de Chihuahua) y de los Sobas (en lo que es actualmente el estado de Sonora), quienes dieron muerte a los frailes y en general a los españoles, destruyendo iglesias y todos los objetos sagrados, buscando recuperar la libertad perdida, hasta que fueron vencidos por las fuerzas militares españolas.

Barabas encuentra en el siglo XVIII nueve movimientos de carácter sociorreligioso, seis entre los mayas de Yucatán y Chiapas, uno en Oaxaca y dos en el norte del país. De ellos, hubo uno de los tzeltales en  Chiapas que marchaban armados con machetes y lanzas sobre Ciudad Real (hoy San Cristóbal de Las Casas) en 1712, el cual tomó por sorpresa a los españoles, pero aún con eso lograron organizarse y detener a 4 mil indígenas. Para fines de ese año cayó la insurrección de Cancuc con mil indígenas muertos. A pesar de las numerosas bajas la resistencia continuó hasta 1716, año en que fue completamente contenida esta rebelión.

En lo que actualmente es el estado de Baja California habitaron grupos nómadas que se rebelaron en contra de los españoles debido a la actitud abusiva de éstos en las acciones supuestamente evangelizadoras. Los cochimíes en el norte y los pericúes en el sur se propusieron destruir todo rasgo de la religión cristiana, mediante una insurrección que estalló en 1735, arrasando cuatro misiones. La represión de los colonizadores fue tal, que quedaron solamente 400 indígenas de 4 mil que iniciaron la rebelión. Los yaquis que poblaban el territorio de lo que actualmente es el estado de Sonora se rebelaron en 1740 incendiando iglesias e imágenes. Después derrotaron a una tropa en un pantano en una acción de guerrilla, pero más tarde la insurrección fue dispersada y las fuerzas coloniales abatieron a más de 1600 rebeldes indígenas.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII ocurre un movimiento del que ha llegado más información a esta época. Se trata de la rebelión de Jacinto Canek de los mayas de Yucatán en 1761, que se inició en el pueblo de Quisteil. Se sabe que esta rebelión se venía preparando desde hacía tiempo, porque la gente tenía armas enterradas, metales y cosechas para mantener a los guerreros. Cuando vino la represión los españoles mataron a hombres, mujeres y niños indiscriminadamente. Canek fue torturado y muerto de manera horrenda. La memoria de Canek quedó viva, durante la Guerra de Castas en 1847,  el primer comunicado estaba firmado por Jacinto Canek y Manuel Antonio Ay. El primero había muerto 84 años antes.
Se dice que de los grupos étnicos del Nayar: tepehuanes, coras y huicholes, los coras se distinguían por ser los más rebeldes; que en el siglo XVIII se oponían a los misioneros franciscanos gritándoles: “no queremos ser cristianos, queremos defender nuestra libertad y a nuestros dioses”. Así que al comenzar el siglo XIX surgió el movimiento del  “indio Mariano”, como salvador que tenía el propósito de restaurar el imperio prehispánico. En la realidad se trataba de un indio llamado Juan Hilario, originario del pueblo de Colotlán,  quien propició este levantamiento convocando a diversos pueblos a concentrarse en Tepic para deponer a las autoridades. Este movimiento fue desarticulado totalmente.

Los yaquis, que habitaron en lo que hoy es el estado de Sonora, tuvieron una larga lucha no sólo militar sino de organización política. Esta lucha comienza en 1825 con su líder Juan Banderas, quien reunió a su pueblo en una Confederación Indiana que tenía como fin constituirse en una república de indios, dirigiendo a yaquis, mayos, ópatas y pimas. En 1926 y 1932 Juan Banderas volvió a rebelarse contra el gobierno de México para defender su territorio y la autonomía de la Comunila. Entre 1868 y 1887, el nuevo líder de los Yaquis fue José María Leyva, mejor conocido como Cajeme, quien luchó durante 19 años por los ideales yaquis que eran la autonomía y la independencia de su pueblo. Cajeme se ganó la simpatía de todos los yaquis y reorganizó el gobierno militar y civil con elementos que provenían de lo occidental y también de lo prehispánico. Cajeme fue asesinado y lo sucedió otro líder llamado Tetabiate. Después de diez años de guerrillas los yaquis firmaron la paz, y a partir de entonces vino la debacle para este valeroso pueblo. Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX Tetabiate murió y muchos yaquis fueron deportados a Yucatán, Tlaxcala y Veracruz. Es bien conocido que a muchos de ellos los llevaron a Yucatán a trabajar en las plantaciones henequeneras como verdaderos esclavos.

Entre 1843 y 1845 estalló una sublevación de los triquis en lo que hoy es el estado de Oaxaca. Estamos hablando de la época de la nación independiente y de un movimiento que se originó por litigios territoriales con los hacendados, así como por las altas contribuciones que se exigían a los indígenas. Las acciones rebeldes tomaban como símbolo una imagen de Cristo y el lugar que más se conoce por esta rebelión es el pueblo de Copala, que tiene nuevas acciones en el siglo XXI.

La conocida Guerra de Castas de Yucatán comenzó en 1847 y se prolongó por más de medio siglo, es decir, hasta 1901, aunque continuaron los enfrentamientos todavía en el año 1915 y la pacificación total no se logró sino hasta 1937. Se sabe que la causa económica principal de esta guerra fue la expropiación de la tierra, el monte y el agua, ocasionada por las grandes plantaciones de caña de azúcar y de henequén, las cuales provocaron también que los indígenas mayas se convirtieran en peones atados al endeudamiento por impuestos excesivos. Los principales líderes de esta guerra fueron Jacinto Pat, Cecilio Chi y Manuel Antonio Ay. Los enfrentamientos militares más importantes ocurrieron en 1847 y en 1862, como se recordará, años importantes para el país en otros frentes políticos, económicos y militares.
En 1849 hubo un levantamiento de indígenas en el distrito de Chilapa, en lo que actualmente es el estado de Guerrero. Las autoridades de ese distrito impusieron un pago alto de contribuciones que los indígenas no estaban en condiciones de pagar. Por ese motivo se rebelaron con una bien organizada guerrilla que duró varios meses, al mando de Domingo Santiago, quien era originario del pueblo de Huayacantenango.

En el estado de Nayarit hubo un extenso y largo movimiento de los huicholes, encabezado por Manuel Lozada, conocido como El Tigre de Alica. Comenzó en 1855 y concluyó en 1881. Se trata de un movimiento a base de guerrillas, mediante el cual las fuerzas lozadistas llegaron a dominar todo el territorio de Nayarit, así como parte de Jalisco, de Zacatecas y del sur de Sinaloa.  Llegó a tener un ejército de once mil hombres dividido en tres secciones. Fue derrotado en la Mojonera, aprehendido y fusilado en Tepic en 1873. A la muerte de Lozada, el movimiento resurgió en 1878 bajo la conducción de Juan Lerma, quien era seguidor de Lozada. El gobierno desarticuló este movimiento llevando a las poblaciones a diferentes lugares de la república.

Los tzotziles de Chamula en el estado de Chiapas tuvieron motivos suficientes para rebelarse, la imposición y uso de una religión para explotarlos, la usurpación de las tierras comunales como resultado de la Ley Lerdo, lo que les dejaba sólo una opción: o se convertían en siervos de las haciendas, o se iban a la selva y la montaña. Así, este movimiento tiene un desarrollo de 1868 a 1870, durante el cual, entre otras acciones, los chamulas atacaron San Cristóbal llegando hasta el centro de la ciudad, y dejándola por la noche como si no les importara lo que lograron o no supieran que más hacer. Las tropas los enfrentaron matando a 300 indígenas, y su líder Cuscat se fue a la selva con 800 tzotziles que quedaban para organizar una guerrilla y reconstruir su templo.

El investigador Enrique Hugo García Valencia dice en su texto Etnohistoria regional respecto a las revueltas y rebeliones indígenas en el estado de Veracruz: “entre 1762 y 1787 hubo siete en Papantla, dos en Chicontepec y seis en Huejutla” (3), y más adelante cita: “Los esfuerzos indígenas por sumarse a movimientos regionales y nacionales se inician pronto después de la Independencia. Así, tan sólo en la Huasteca tenemos levantamientos en Tihuatlán, Tantoyuca, Ozuluama, Tantima, Chontla, Huejutla, Chicontepec, Tamazunchale, Tampico y Sierra Gorda, en donde indios y mestizos unieron esfuerzos para reivindicar sus causas” (4). A mediados del siglo XX se registra un movimiento de indígenas del totonacapan, especialmente en Chumatlán y Espinal, que es reprimido y sofocado por el ejército.

Este es sólo un panorama muy apretado sobre rebeliones indígenas. Habría que hacer un recuento aparte sobre luchas indígenas en el terreno estrictamente político, en cuanto a movilización no violenta, de lo cual también hay mucho por recordar y reflexionar. La población indígena, como se ve, ha estado reclamando siempre lo que le corresponde y defendiendo su cultura.

Referencias bibliográficas.
(1)  Bonfil, Batalla Guillermo, México profundo, una civilización negada. Ed. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Editorial Grijalbo, S.A. México, 1990. Pp.187-188.
(2)  Barabas, M. Alicia, Utopías Indias, Movimientos sociorreligiosos en México, Editorial Grijalbo, S.A. México, 1989. Pp.158-159.
(3)  García, Valencia Enrique Hugo y Romero Redondo Iván A., Coordinadores, Los pueblos indígenas de Veracruz, Atlás Etnográfico, Edición del Gobierno del Estado de Veracruz y del Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 2009. p.70.

(4)  Ibídem, p.73.


Artículo publicado en marzo y abril de 2008 en Tlanestli. 

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lunes, 2 de septiembre de 2013

Puntos de vista sobre la educación y otros temas.


Marcha magisterial. 



Por Lisardo Enríquez L.

Los acontecimientos actuales en el país en torno a la educación, el petróleo y otros aspectos sobre los que se están tomando decisiones tienen por lo menos dos puntos de vista que nos regresan a posiciones ideológico-políticas del siglo XIX y de las primeras décadas del XX. Por un lado, élites que buscan profundizar en los beneficios que obtuvieron a partir de los años cuarenta del siglo anterior y de 35 años a la fecha. Por otro lado, corrientes que tratan de defender lo que queda de los logros de la reforma y la revolución, en una sociedad donde unas cuantas personas poseen inmensas fortunas, mientras millones se encuentran en pobreza extrema.

Los datos proporcionados por las propias instituciones oficiales, así como lo que se vive en nuestra realidad actual son evidencia suficiente de que el país está en una situación muy delicada. Pero hay quienes no lo quieren ver tal como es y se molestan de los señalamientos que cuestionan lo que a todas luces es inadecuado. En este mismo espacio (11-06-12) cité una opinión de Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, en relación a que en nuestro país era más importante en este momento atacar los problemas de la pobreza, la desigualdad social, así como mejorar la educación, entre otros, y que esto era más importante que hacer reformas estructurales, porque éstas ya habían mostrado su ineficiencia.

En otra edición de Diario de Xalapa (14-07-97) señalé: “habrá que imaginarse un poco lo que puede suceder en el año 2000. Desde ahora es necesario defender con firmeza la educación pública en sus preceptos y orientaciones fundamentales”. En lo que va de este nuevo siglo hubo algunas cosas regresivas como la reducción de materias y contenidos de humanidades, así como el abrir más la puerta a la iniciativa privada. Pero es en este periodo cuando se va con todo y sin permiso a deshacer aquello que con mucho esfuerzo lograron mexicanos libres y progresistas de nuestra patria. Y no se vale.
Todos los días, desde que hay protesta, escuchamos que hay sectores desinformados que no entienden cuál es la finalidad. Yo creo que sí se entiende bien de qué se trata y es lo que se busca impedir. Porque a los mexicanos en general no se les ha tomado en cuenta, no se han realizado consultas como lo establece la ley y no se escucha realmente “a los otros”. Se les oye para que se desahoguen, y nada más. El diálogo, para que lo sea, implica acuerdos, consensos. Si esto no existe estamos hablando solamente de voluntad de poder.

Como lo ha dicho en varias ocasiones el Rector de la UNAM, el Dr. José Narro Robles, se necesita una reforma educativa integral. Más allá, se necesita una definición de nación. Es importante saber hacia dónde vamos, pero no de manera sesgada, sino franca, directa y abierta para todos. En definitiva estamos atrasados, pero no vamos a salir de ahí ahorcando a los demás y entregando la riqueza del país al mejor postor como ya se hizo en años pasados. Si se trata de ahorcar hay que hacerlo con los corruptos, a ver quiénes quedan vivos. A los que piden acción contundente hay que preguntarles porque ellos no lo hicieron cuando tuvieron oportunidad. ¿Por qué hasta ahora?


Así es que son de hecho dos puntos de vista sobre nuestra realidad actual. Usted amable lector, ¿En cuál de esos dos puntos se ubica?

(Artículo publicado el 2 de septiembre de 2013 en Diario de Xalapa)