jueves, 13 de noviembre de 2014

Amor a la lectura.




Por Lisardo Enríquez L.

Cuenta el poeta español Federico García Lorca que cuando el extraordinario escritor ruso Fedor Dostoyevski se encontraba en Siberia “alejado del mundo entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía “¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!” El mismo autor del Cante jondo, al inaugurar una biblioteca en Fuente de Vaqueros, Granada, decía “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. . . Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan”.

Estas dos maneras de identificarse con los libros nos hacen ver hasta donde tienen importancia para el ser humano. Un libro, todos los libros, están indisolublemente vinculados al hombre. Esto es así porque son producto de él; son una extensión de lo humano. Y tienen la esencia de lo que el hombre es como ser pensante, como ser espiritual, como ser histórico, sensible y emotivo. Entre los libros y las personas la relación es de similitud. Cuando se encuentra el valor que los libros tienen se despierta un afecto, se crea una relación de apego, se les ve como a unos buenos amigos. Eso lo han dicho los escritores, pero también los lectores que llegan a apreciar los buenos libros y a identificarse con ellos.

La identificación con los libros nace cuando se leen. La lectura tiene que venir de la necesidad y ésta se tiene que crear. Pero hay dos aspectos respecto a ella, por una parte constituye una necesidad social, porque la comunicación humana se basa en el lenguaje y para que éste se desarrolle de manera conveniente es importante leer. El lenguaje es enteramente humano y a través de él tiene lugar tanto el desarrollo del potencial del individuo como el de la sociedad a la que pertenece. No se puede concebir la sociedad sin el lenguaje, y éste es la base del desarrollo de aquella. El lenguaje origina la letra, la escritura, los libros. Y aprendiendo a leer por gusto, haciendo que la lectura se convierta en hábito, se está en mejores condiciones de participar en la sociedad.
Por otra parte, en algún momento la lectura tiene que venir de una necesidad interior, es decir, una necesidad que tiene su origen en el propio individuo, en su deseo de encontrarse, de saber sobre el hombre mismo, sobre su historial, sobre su ser material y espiritual, sobre lo que ha descubierto, sobre lo que ha logrado y lo que aún sigue buscando. Pero tratándose de una necesidad intrínseca, no todas las personas la sienten, porque no todas han tenido la oportunidad de nacer o crecer cerca de los libros. Ésta es una limitante para quienes viven una situación de esa naturaleza. Si no se tiene acceso a la lectura de libros se carece de algo fundamental en la vida, se vive en un estado como de barbarie o salvajismo, en una cultura de atraso, rudimentaria; aún si se poseen abundantes bienes materiales.

En sociedades, grupos y familias donde hay condiciones para deleitarse con los libros y para aprovecharlos, quienes tienen esas oportunidades participan de una visión amplia del mundo y de la vida y siempre serán mejores personas. La lectura es un alimento para el espíritu. Si la lectura es voluntaria, auténtica, tiene que mover en lo más íntimo lo que somos; tiene que penetrar lo que es nuestra identidad; tiene que llevarnos a otros planos existenciales como personas.

La lectura debe consistir en una experiencia, aunque no siempre es así. Veamos. El filósofo Martín Heidegger expresa con claridad en qué consiste hacerse de una experiencia. Dice: “... hacer una experiencia con algo significa que algo nos acaece, nos alcanza; que se apodera de nosotros, que nos tumba y nos transforma...Hacer una experiencia quiere decir...dejarnos abordar en lo propio por lo que nos interpela, entrando y sometiéndonos a ello. Nosotros podemos ser así transformados por tales experiencias, de un día para otro o en el transcurso del tiempo”.

Si vemos el significado literal de la palabra experiencia, tenemos que es salir hacia afuera y pasar a través de algo. Experiencia también equivale a recorrido, travesía y viaje. El español Jorge Larrosa nos presenta una cita de Descartes que dice: “es casi lo mismo conversar con la gente de otros siglos que viajar”. En ello hace referencia a la lectura de obras clásicas de la antigüedad, una experiencia que seguramente muchos lectores han tenido al “ver” pasajes de autores de épocas anteriores. La experiencia de la lectura, entonces, consiste en un salir de uno para penetrar en el texto y luego en retornar a uno mismo otra vez, a reencontrarse, a reapropiarse de sí mismo, pero integrando a nosotros lo que nos ha dado la lectura. Ese es el viaje; esa es la experiencia de la lectura. Y es aquí donde está la mayor exigencia de la lectura, la que viene de la necesidad interior.

 La experiencia de leer no es la misma para todas las personas. No hay quien pueda aprender de la experiencia de otro; de un libro cada lector hace  su propia experiencia. Porque la experiencia de la lectura no radica en entender el significado literal del texto solamente, sino en vivirlo. Por lo tanto, en la verdadera lectura hay una relación vital entre el lector y el libro; quien lee por el gusto de hacerlo se entrega al viaje, a la aventura a la que le lleva el libro, y para ello, el lector tiene que entregarse en su totalidad.

Federico Nietzsche dice en Humano, demasiado humano: “Para todo escritor es una sorpresa siempre nueva que su libro, en cuanto se separa de él, continúe viviendo con vida propia;...el libro se busca lectores, inflama existencias, proporciona felicidad, espanto, engendra nuevas obras, se convierte en alma de principios y de acciones; en una palabra: vive como un ser dotado de espíritu y alma y, sin embargo, no es un hombre...” Como se puede comprender, la referencia a los libros y a la lectura de ellos va más allá de un código de palabras para descifrar; en los libros hay que ver, oír, sentir y probar aquello que se dice y también lo que no se dice.  En el fondo de las palabras hay algo más allá de lo que se dice.

Un libro, todos los libros, tienen una pluralidad de sentidos, es decir, tienen muchas lecturas. Porque un lector encuentra un sentido en un libro, pero otros lectores le hallarán otro sentido. De igual manera, un mismo lector percibirá un sentido, una idea que le queda de una primera lectura, pero seguro no será el mismo sentido, la misma idea de una segunda y una tercera lectura. Algo encontrará diferente cada vez; porque como dice Larrosa: “...no hay una lectura última y definitiva que dé el sentido verdadero”.

La preparación escolar, la lectura y la escritura pueden entenderse como cuestiones completamente interrelacionadas. Así debería ser, pero en la realidad no es de esa manera. Los estudios sobre lo que sucede en México respecto a este tema son motivo de profunda reflexión. En diversos momentos se han hecho importantes proyectos editoriales con sentido popular, se han creado bibliotecas públicas y escolares, se han hecho colecciones  especiales de libros para uso de las escuelas, y algo han dejado, pero no mucho. Se sabe que los lectores son pocos en relación a la inmensa cantidad de pobladores del país, esto es, el promedio de libros que se leen al año por persona es bajísimo.

Felipe Garrido, un profesional dedicado durante muchos años a la labor editorial de divulgación popular en las esferas de gobierno, en su texto El buen lector se hace, no nace, dice: “...hace falta formar en más gente el hábito de leer, hace falta que más gente sea capaz de acometer lecturas más exigentes; de comprenderlas, sentirlas y aprovecharlas”. Nos dice también que el mayor de   nuestros problemas sobre la lectura no está en que quienes son analfabetos no lean, sino en el hecho de que haya personas con nueve, doce o veinte años de instrucción escolar sin haber adquirido el hábito de la lectura. En síntesis, dice que es monstruoso que quienes terminan la preparatoria o una carrera universitaria no hayan conocido sino los libros de texto y, por lo tanto, sean incapaces de incursionar por ninguna lectura que no tenga otro fin que el desempeño profesional. Dice que “Si junto con los certificados y los títulos la población escolarizada adquiriese la afición por la lectura, ciertamente tendríamos un país más próspero, más justo y más democrático”.

El mismo Garrido sigue explorando en dónde están los problemas de la falta del hábito de la lectura y dice que la mayoría de nuestros maestros no son lectores. Expresa: “Muchas veces los he escuchado reconocer, con resignación, que no son lectores. . . Buena parte de los maestros y maestras, incluso los dedicados a la enseñanza de la lectura y la escritura no son, ellos mismos, lectores ni se sirven de la escritura...Es curioso que continuamente se capacite a los maestros en una multitud de aspectos, por lo común mediante materiales impresos, y sin embargo no se dediquen tiempo ni recursos a capacitarlos como lectores...Ser maestro debería ser sinónimo de ser lector”. Esos son los elementos de juicio de su propia experiencia de trabajo que comparte Felipe Garrido.

Otro asunto que contribuye a que no haya lectores auténticos, es decir, lectores que leen por voluntad y que lo hacen como hábito, es el que se refiere a la alfabetización como aprendizaje de letras, palabras y enunciados descontextualizados del medio social. Si se aprende a deletrear,  a medio leer y a leer sin el apoyo de lecturas que obedezcan  a las necesidades de las personas y de su entorno, no es muy probable que se adquiera el hábito de leer.

Se debe de estar convencido de que la lectura como hábito es fundamental en el desarrollo del individuo y de la sociedad. Los elementos que aquí se enuncian permiten darnos cuenta de que el propio sistema escolarizado no forma lectores. Freire decía que se encontraba con egresados de carreras de nivel superior que le manifestaban total limitación para hacer su tesis profesional porque no tenían facilidad para escribir. Así es que, en definitiva, aparte de otras acciones, aquí hay una tarea principal para quienes emprenden reformas educativas. La verdadera reforma educativa debe de proponerse hacer lectores en las escuelas de todos los niveles de escolaridad y poner especial énfasis en la formación y actualización de los maestros en este aspecto.

Quienes se inician en la placentera actividad de la lectura seguramente se preguntarán cuáles son las normas para leer un libro. En realidad la verdadera lectura no tiene reglas estrictas. La decisión de iniciarse en la lectura requiere de estímulos previos, de una motivación, de que se despierte la sensibilidad en quienes van a hacerlo. En esta parte siempre es importante que haya por lo menos un lector que tenga el deseo de “contagiar” a otros. Así lo expresa Garrido: la lectura no se aprende, se contagia.

Unos se iniciarán de una manera, otros encontrarán formas distintas. Lo deseable es que los padres les lean a los niños en su casa y los maestros en la escuela. Al comienzo pueden leerse textos breves en voz alta, seleccionados en función de los intereses de los oyentes. Después pueden ser textos un poco más extensos. Se pueden hacer comentarios e interpretaciones de lo que se lee. Más adelante es conveniente que el lector se vaya internando, él solo, en la lectura personal, en la lectura silenciosa. Se pueden recomendar libros cortos de fábulas, pequeños cuentos, historias breves. Después se pueden leer poesías sencillas, cuentos más largos y pequeñas novelas, libros de biografías y de historia particular que obedezcan siempre al interés del lector.

Es necesario precisar que el encuentro con la lectura es distinto en cada lector, porque cada individuo tiene sus tiempos, su capacidad al momento de comenzar y avanzar por sí mismo, sus intereses, preferencias, motivaciones individuales, deseos. Tal vez algunas recomendaciones sencillas serían las siguientes: buscar el espacio adecuado, es decir, el lugar donde se pueda estar con tranquilidad; no distraer la atención a la hora de leer y, por lo tanto, concentrarse en hacerlo; dar primero una mirada al libro: su portada, contraportada, índice, ilustraciones; si se considera necesario, tomar notas en un cuaderno o libreta de aquello que más le interese al lector cuando vaya leyendo; o subrayar  enunciados o párrafos que destaquen y que después se desee localizar. Al leer o escribir es importante tener a la mano siempre un diccionario.

Hace algunos años expresé que por experiencia propia podía afirmar que la lectura es fuente de vida, que la lectura de un libro nos crea la necesidad de ir a otro, luego a otro más y así sucesivamente. Pero que necesitamos la motivación inicial, y ésta es la que tenemos obligación de dar los lectores a quienes no lo son todavía. Porque, sin duda, la lectura permite el desarrollo del razonamiento, de la memoria, de la sensibilidad, del lenguaje, así como de la personalidad, y contribuye al enriquecimiento espiritual y cultural de las personas.

Adelaida Nieto, promotora de la lectura en Colombia expresó lo siguiente: “Leer es un acto real de amor entre el libro y el lector, si entendemos el amor como una forma de relacionarnos, en la cual el ser del otro es legítimo. Leer es un acto amoroso que nos permite mirar más allá de lo que ven los ojos”. El argentino Jorge Luis Borges escribió: “La lectura debe ser una de las formas de la felicidad”.


Publicado en 4 partes en Diario de Xalapa, los días 6, 13, 20 y 27 de octubre de 2014.

domingo, 5 de octubre de 2014



Por Lisardo Enríquez L.
Es motivo de satisfacción para todos los mexicanos, en particular para quienes aprecian la cultura, que exista en nuestro país una institución descentralizada del propio Estado Mexicano que desde su fundación en 1934 y hasta la fecha ha mantenido su producción y ha contribuido a divulgar el conocimiento, así como diversas manifestaciones de la creatividad humana a través de los libros. Se trata del Fondo de Cultura Económica (FCE) fundado por el historiador, economista y escritor Daniel Cosío Villegas, quien fue también su primer director.
El fundador de esta notable editorial mexicana dice en sus memorias: “El Fondo de Cultura Económica, pues, quedó organizado como un fideicomiso: los fideicomitentes serían las personas físicas o morales que aportaran recursos económicos al Fondo; el fideicomisario era el Banco Nacional Hipotecario y de Obras Públicas, que manejaría los dineros; y una Junta de Gobierno se encargaría del aspecto técnico, es decir, de la producción, distribución y venta de los libros. Esa junta quedó constituida (en aquel año) por Gonzalo Robles, Manuel Gómez Morín, Eduardo Villaseñor, Emigdio Martínez Adame, Adolfo Prieto y yo”. Dos dejaron pronto la Junta. A uno de ellos (a Gómez Morín) lo sustituyó Jesús Silva Herzog, otro destacado historiador  y economista mexicano.

Muchos escritores y poetas han dado su esfuerzo a la labor del Fondo, entre ellos Alfonso Reyes, Juan Rulfo, Juan José Arreola, José Gorotiza, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Carlos Pellicer, Carlos Fuentes, Salvador Elizondo, Alí Chumacero y Ramón Xirau. En un principio se pensaba que el FCE solamente estaría dedicado a publicar obras sobre economía. Esa fue la razón de que se llamara “de Cultura Económica”, no porque se hubiera tratado de vender libros muy baratos, aunque en los hechos ese ha sido su cometido. Pocas editoriales han ofertado materiales tan actualizados, abundantes, de contenido escrupuloso y a precio tan accesible como el Fondo. Actualmente tiene subsidiarias en Guatemala, Buenos Aires, Caracas, Lima, Santiago de Chile, Madrid y San Diego.

Para tener una idea, o repasar en la mente lo inmenso de la producción del FCE, es suficiente con citar el nombre de algunas de las Colecciones en las que se han publicado numerosos títulos, a saber: Breviarios, Popular, Vida y Pensamiento de México, Biblioteca Americana, Letras Mexicanas, Tierra Firme, Biblioteca Joven, Antropología, Obras de Historia, Lengua y Estudios Literarios, Educación y Pedagogía, Espacios para la Lectura y Conmemorativa 70 Aniversario. Los directivos actuales anunciaron que con motivo de los 80 años del Fondo de Cultura Económica habrá  en breve reediciones, entre ellas de los Breviarios; que se publicarán textos sobre el centenario del natalicio de Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas; además de obras nuevas.


El FCE ha tenido directores que han dejado su huella en el trabajo desarrollado ahí. Para terminar este breve comentario se puede citar la etapa que va de 1977 a 1982, en la cual estuvo al frente el crítico y escritor José Luis Martínez. Sólo en ese periodo se publicaron 701 nuevos títulos, así como la Colección de Revistas Literarias Mexicanas Modernas correspondientes a la primera mitad del siglo XX, en edición facsimilar. Es la muestra de una empresa que ha rendido frutos en México y que es ampliamente reconocida en el extranjero.

(Artículo publicado el 29 de septiembre en Diario de Xalapa) 

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Los 50 años del Conjunto Folklórico Veracruz.


Conjunto Folklórico Veracruz


Por Lisardo Enríquez L.

La ahora Benemérita Escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen” se ha caracterizado por poner buenos cimientos en la formación de quienes han estado en sus aulas y por divulgar todo aquello que es significativo de nuestras raíces culturales, como es el folklor. Pero cada época tiene lo suyo. La década de los años sesenta del siglo anterior se caracterizó en Veracruz por el apoyo fuerte a la educación y al deporte, incluyendo la construcción de edificios, como son los gimnasios que hay en Xalapa y la obra magna que constituye precisamente el local de nuestra escuela normal.

Casi a la par con la construcción del nuevo edificio de la Escuela Normal, hubo maestros entusiastas que promovieron la educación y varias manifestaciones del arte, entre ellas la danza autóctona y el baile regional, así como la música y el canto. Estas tres ramas del arte se desarrollaron de manera simultánea al crearse el Conjunto Folklórico Veracruz dentro de la propia normal, como pilar que llevaría a todo nuestro estado, al país y a las distintas regiones del mundo, la música y la danza originarias de Veracruz y de las demás regiones de México. El eje principal de realización de esta agrupación dancística fue el maestro Miguel Vélez Arceo, quien estudió en la Escuela Nacional de Maestros y en la Academia de la Danza Mexicana y quien, sin duda alguna, vino a dejar una huella profunda de su profesionalismo.

De manera paralela se conformaron grupos de música y de coros que tuvieron actividad independiente, pero que en principio se integraron por las necesidades del mismo Conjunto Folklórico Veracruz. A la cabeza del grupo musical se colocó el maestro Alberto de la Rosa y como organizador y preparador de coros el versátil maestro Mateo Oliva Oliva. Los artistas de danza, música y canto que formaron originalmente este Conjunto fueron estudiantes de la familia normalista que tomaron un camino que les dio y les sigue dando muchas satisfacciones.

Fundada en 1964, esta institución de divulgación de la danza, la música y las canciones del folklor mexicano se dio cita nuevamente en la Escuela Normal Veracruzana para celebrar 50 años de existencia. En el Auditorio de la misma los iniciadores bailaron, tocaron y cantaron este miércoles 17 de septiembre, con orgullo y alegría. El programa comenzó con la participación de la Banda Sinfónica del Gobierno del Estado, después con un desfile de jovencitas ataviadas con hermosos trajes regionales y lo que es propiamente la danza se presentó en dos cuadros: Istmo de Oaxaca y Veracruz. Acompañaron a los danzantes un grupo de guitarras, un coro de mujeres, la Marimba de los Hermanos Barranco, el Grupo de música jarocha Los Cantores dirigido por Alberto de la Rosa, así como un ballet folklórico de jóvenes y otro de niños.

Para cerrar esta conmemoración, el maestro Wilfrido Sánchez Márquez, Subdirector Técnico de la Dirección General de Educación Popular en aquellos años de la fundación del Conjunto Folklórico Veracruz, develó una placa alusiva, acompañado del maestro Fidel Hernández Fernández, Director de la Escuela Normal Veracruzana, así como de otros invitados especiales.


Es larga la lista de los integrantes del Conjunto. Algunos de ellos son los siguientes: Mirna Sánchez Sánchez, Rosalba Durán Platas, Esperanza Wells, Rolando Pérez Reyes, Alejandro Gómez, Austreberto Goméz Beristain, Jesús Hazas Murillo, Pedro Serrano Almeida, José Antonio Rodríguez González y muchos otros a quienes felicitamos desde este espacio que nos brinda amablemente Diario de Xalapa.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Beguidi comienza a volar.


Mis primeros garabatos. 
Beguidi Sánchez Castillo.

Por Lisardo Enríquez. 
En la lengua zapoteca la palabra Beguidi significa mariposa. Y ese es el nombre propio de una niña que nació en diciembre del año 2003, a los 7 meses de gestación, es decir, antes que el común de la mayoría de los niños. El nombre que sus padres escogieron fue seleccionado de una lista que el maestro y antropólogo Carlo Antonio Castro les recomendó. Ella dice que su nombre le gusta mucho porque no es común y porque no conoce a alguien que se llame igual. También se puede decir que utilizar palabras de una lengua como el maya, el zapoteco, el náhuatl y otras con un bello significado, nos lleva a recuperar de alguna manera nuestra cultura originaria.

El padre de Beguidi, Sr. Arturo Sánchez y Gándara, ha estado muy relacionado con los libros, se dedica, entre otras cosas, a darles forma y presentación después de que fueron escritos por sus autores, esto es, tiene como oficio editar libros. Cuenta el Mtro. Sergio Vázquez Zárate que un día Beguidi dijo a su papá que quería su libro, a lo que él contesto que le dijera cuál para dárselo. Pero ella no se refería a un libro ya publicado, lo que deseaba era que le editara uno escrito por ella misma. En ese entonces tendría entre 8 y 9 años de edad.

Don Arturo se dio cuenta que su hija hablaba en serio, tenía varios dibujos y algunos pequeños textos escritos con su propia mano en hojas sueltas. Entonces se pusieron a trabajar. Con ayuda de su mamá, fue dándole forma a lo que sería su libro; su primer libro. En el mes de agosto de 2012, bajo el patrocinio de la Asociación para el Desarrollo Integral de la Región de Misantla, A.C., apareció en S. y G. Editores un libro tipo cuaderno rectangular con pastas gruesas llamado Mis primeros garabatos, cuya autora es Beguidi Sánchez Castillo.

En la Colección Narrativa y cuento infantil este texto trata de las experiencias que la autora ha tenido durante su infancia, etapa que todavía no abandona porque sigue siendo una niña. Es una lección de vida para muchos otros niños, incluso para jóvenes y adultos. Vivir entre libros y con quienes les dan vida a éstos en un medio impreso, que es precisamente el libro, procura obviamente el amor a ellos, a la letra, al lenguaje, a la lectura y a la escritura, como aquí se demuestra.

La portada y la contraportada tienen en su mayor extensión un color amarillo, grato a la vista, con bordes en color morado que dan un contraste bien logrado. En el centro de la portada está un dibujo que corresponde al autorretrato de la autora, rodeado con mariposas de diversos colores. El título y nombre de la autora están en letra manuscrita. Las páginas vienen en un papel suave, lynx opaque de 104 g. Las páginas pares tienen un breve texto con la letra manuscrita de quien los elaboró y las páginas nones llevan un dibujo de la misma autora. De ahí los garabatos, como ella los nombra. El libro todo es hermoso.

Es indudable que el ejemplo que demos a los hijos influirá en su formación, en su conducta. Beguidi habla de su gusto por el campo, las plantas y los animales; de su experiencia de sembrar junto con su papá maíz, frijol, aguacate, violetas y plantas de ornato. También cuenta que celebró su cumpleaños número 8 con un viaje a Tablón Chico, estado de Hidalgo, adonde fue con sus papás y otras personas a donar ropa y juguetes a los niños de aquella localidad. Su correo electrónico es beguidisc@hotmail.com y su Facebook es: Bibi Sánchez Castillo. La mariposa, Beguidi, empieza a volar, y puede ser que vuele alto. 

Artículo publicado el viernes 13 de septiembre en Diario de Xalapa. 

martes, 2 de septiembre de 2014

Libro sobre la Escuela Rural de Misantla (1952-1960)



Presentación del libro Hubo una vez una Escuela Normal Rural en Misantla.
(Foto: Plumas Libres) 



Por Lisardo Enríquez L.

Educación es pasión, es amor, es entregarse a una causa con gusto, por el placer de servirle a los demás en el proceso de la formación y desarrollo de su personalidad. En nuestro país, esta convicción estuvo vinculada a un ideal que surgió del movimiento revolucionario en su etapa de construcción que, como dicen quienes lo vivieron y quienes lo han estudiado, mantuvo su vigencia de 1921 a 1940. En ese lapso, la educación mexicana creó tres modelos propios para atender a los campesinos, a saber: la Escuela Rural Mexicana, las Misiones Culturales y las Escuelas Normales Rurales.

El ímpetu que en ese entonces les imprimió la frescura de la Revolución Mexicana en su tendencia eminentemente popular, hizo que estas modalidades tuvieran una filosofía específica para las necesidades de los habitantes de las zonas rurales. Es así como surgen las escuelas normales rurales a partir de 1922. El plan era crear una de estas escuelas en cada entidad federativa. Su número total llegó a 29 y a partir de 1969 quedaron solamente 15. Sin embargo, su esencia como instituciones para la educación en el campo terminó en 1942, fecha en que se unificaron los planes de estudio para todo el país, con un solo enfoque en el que predomina la visión urbana.

No obstante esos cambios en los planes de estudio, maestros y estudiantes mantuvieron en alto el ideal de estas escuelas. Por eso es importante rescatar la memoria de su acción, como ahora lo hace el maestro Salvador Hernández Mejía, quien llevó a su concreción la obra Hubo una vez una escuela normal rural en Misantla, Veracruz, con 192 páginas, la cual ya fue presentada en público en la Ciudad donde estuvo operando dicha escuela, y este jueves 28 de agosto en el Salón Azul de la Unidad Interdisciplinaria de Humanidades de la Universidad Veracruzana, en donde por muchos años el autor fue maestro en la facultad de historia.

La ceremonia de presentación de este ilustrativo texto fue todo un acontecimiento. El Salón fue insuficiente para albergar al público que asistió. Pero más allá de eso, la parte formal fue solemne y no por ello dejo de permitirse los comentarios de buen humor. Coordinó la mesa el Mtro. Arqueólogo Sergio Vázquez Zárate, Director de la Facultad de Antropología de la U.V. Hubo sólo dos presentadores: la Dra, Julieta Arcos Chigo y el Mtro. Ernesto Gerardo Fernández Panes. La Dra. Julieta Arcos sostuvo que este libro es un aporte a la historia de la educación de Veracruz, que es un rescate de la vida cotidiana de Misantla y que nos proporciona lo que es el ideal de ser maestro y de lo que debe ser la escuela.

Por su parte, el maestro Panes, como se le conoce afectuosamente, mencionó que esta obra de 17 capítulos va por el sendero de lo autobiográfico y de lo anecdótico y saca a luz pública  a los protagonistas de las historias que aquí se narran. Con la experiencia militante que el maestro Panes tiene desde su primera juventud, pintó el panorama de lo que ha sido la cuestión social y política de la segunda mitad del siglo XX.

La Escuela Normal Rural de Misantla “Enrique Rodríguez Cano” inició sus actividades en el mes de agosto de 1952, teniendo como edificio escolar una casona ubicada en la confluencia de las calles Alatriste y Las Cruces, en Misantla, Veracruz, y cerró sus puertas, para ser trasladada a Ximonco, municipio de Perote, en el año de 1960. El autor, y también protagonista importante en este relato dice textualmente: “parece que el único que defendió a la normal para que no se fuera de Misantla fue su fundador: el Profr. Pablo Limón Anell; y lo paradójico, es que a él también le tocó la clausura en Perote”, en el año de 1969.


Por todo lo que expresa Salvador Hernández Mejía, el maestro, el historiador, hace falta un justo y reconocido homenaje, que puede ser a través de biografías “vivas” de los maestros Pablo Limón Anell y José Galicia Esteban, quienes fueron la semilla principal en aquella escuela de Misantla. Al autor, a quien tuve la dicha de conocer gracias a la cercanía de colaborador que tuve con el maestro Manuel Gámez Fernández, se le conoce y reconoce por el trabajo que a lo largo de los años ha realizado con sus alumnos. Eso es lo que recuerdan  muy bien Ohtli y Jessica, sus alumnos en la facultad de historia.  

Artículo publicado el 1 de septiembre de 2014 en Diario de Xalapa. 

viernes, 29 de agosto de 2014

Amparos a los maestros, legalidad sobre prepotencia




Por Lisardo Enríquez L.

Lo más recomendable en una sociedad que se precie de democrática, es que los temas públicos, los problemas que enfrenta esa sociedad, se ventilen a través del debate entre los actores involucrados. En cuanto al tema de la educación, están los propios maestros, los padres de familia y los estudiosos del fenómeno, entre otros, de quienes hay que recibir opinión. Miguel Limón Rojas, quien fue secretario de educación pública, dijo en el año 2012: “descalificar a la educación pública por las grandes debilidades que existen, por los muchos asuntos que ameritan reprobación y correctivos no tiene que llevar a desconocer el valor del trabajo que realizan decenas de miles de maestros respetables, que hacen su trabajo responsablemente en las escuelas del país. Esto no puede ser desconocido”.

La forma insultante en que se anunció lo que llamaron reforma educativa, que como ya se sabe fue en un comienzo solamente una reforma estrictamente constitucional, hizo que incluso los profesores más ajenos a la protesta y más dedicados a su labor profesional, salieran a la calle a oponerse a esas maneras impropias de hacer y decir las cosas. Claro que cuando apareció el garrote, los caballos azules, los perros guardianes y los bastones eléctricos, muchos maestros y maestras vejados regresaron a su escuela, guardaron silencio ante la fuerza que los avasalló. Continuaron la lucha quienes tienen una formación política y han participado por años en las lides por la democracia.

Una alternativa que tomaron muchos de ellos ante la cerrazón para escuchar sus demandas fue anteponer un amparo. Pero no se sabía con certeza si ese trámite seguiría su curso. Lo que hasta hace unas semanas se veía es que todas las reformas quedarían intocables a través de un poder omnímodo, visto como algo totalizador, en donde no se veía lo que se da en llamar los tres poderes. Pero el viernes 22 de este agosto se hizo público que el Poder Judicial Federal, a través de juzgados de distrito admitió demandas de amparo en contra de la Reforma Educativa, por lo menos en lugares como Cholula, estado de Puebla y en el estado de Veracruz, correspondiendo a éste último un total de 6,000 maestros amparados.

Desde luego esto aún no termina. A la resolución de los juzgados en esta materia poca difusión se le ha dado. Escasa información ha aparecido al respecto. Un columnista del sur dijo que a estos maestros aunque presenten examen y lo reprueben, la SEV no podrá aplicarles la ley de armonización educativa, y que ni modo. La realidad es que en este sector hay diversos niveles de responsabilidad,  cada uno de los cuales debe verse cómo cumple. No son sólo los maestros de grupo, hay directores, supervisores, jefes de sector, coordinadores, y en la estructura burocrática del nivel de secretaría existen numerosos puestos directivos hasta el más alto nivel de secretario. Todos ellos forman parte de la estructura educativa y como tales deben asumir obligaciones muy específicas sobre lo que es materia educativa empezando por lo eminentemente pedagógico.

Quienes forman parte de la estructura burocrática no sólo deben tener responsabilidad administrativa, ni los supervisores, coordinadores y jefes de sector. Estas últimas tres figuras tienen que asumir su función eminentemente pedagógica asesorando a los maestros de las escuelas, visitándolas constantemente. Hay muchos supervisores que ni siquiera conocen las escuelas a su cargo. Actúan a distancia. Si desde antes esto se hiciera, no habría necesidad de tanta denigración a los maestros de escuela.


De la noticia de los amparos, como dice el maestro Noé de Minatitlán, con quien coincido en su opinión, esto: “coloca a la legalidad sobre los atropellos de la prepotencia de quienes tienen los hilos del poder”. Es decir, esta medida hace que los ciudadanos comunes puedan tener confianza en alguien, que no se sienta como que toda decisión es arbitraria y ahí queda. Muy bien por el Poder Judicial Federal y los juzgados de distrito que admitieron las demandas de los maestros. 

Artículo publicado el 28 de agosto de 2014 en Diario de Xalapa. 

domingo, 10 de agosto de 2014

Las reformas "de gran calado"







Por Lisardo Enríquez L.

Durante los gobiernos federales que hubo entre 2000 y 2012, los panistas intentaron hacer una serie de reformas para las cuales tropezaron entonces con la oposición del Partido Revolucionario Institucional (éste en realidad buscó ponerles zancadilla para gobernar más que para evitar las reformas), pero con el gobierno actual (del PRI) y sus “legisladores” encontraron las condiciones que necesitaban.

 Es decir, hay una gran coincidencia entre esos dos partidos políticos tanto en los principios sobre el desmantelamiento de las empresas estatales, los cuales obedecen fielmente a la orientación neoliberal que se acomoda a las líneas de dominación económica de los Estados Unidos, como respecto a los intereses pragmáticos personales y de camarillas de quienes van a incrementar de manera exorbitante sus negocios en materia energética, entre quienes están políticos priístas y panistas así como grupos de empresarios que van por lo suyo.

La sociedad debe exigir que quienes se dediquen a los negocios no participen en cargos y comisiones que corresponden a la función pública. Quienes actualmente están relacionados con los negocios de la gasolina, el petróleo, el gas y la energía eléctrica (hay nombres muy concretos que se han dado a conocer a través de distintos medios) deben renunciar de inmediato a su puesto en el gobierno, en el Congreso o en donde lo tengan. Y esto debe contemplarlo la ley: que son incompatibles los negocios privados con la función pública.

Es una verdadera desvergüenza que ante tanta corrupción los gobernantes de cualquier nivel y signo político hagan como que no pasa nada, como aquel de San Blas que solamente robó poquito y que tendrá una segunda oportunidad para llevarse más de lo que tomó la ocasión anterior. Que conste que este señor es un “pez chico”, los grandes como Granier, Gordillo, el que salió de la cárcel ya en este sexenio casi en calidad de héroe para disponer de sus grandes cuentas multimillonarias y muchos otros que ni siquiera han pisado el reclusorio, han lastimado en lo más profundo a la patria.

De manera que el “gran calado” es éste, la profundidad y la hondura con la que todos estos señores han tomado lo que han podido y lo que han querido, engañando con el cuento de mejorar la condición de todos los ciudadanos. Las “reformas de gran calado” o “reformas estructurales” fueron preparadas para beneficiar a unos cuantos mexicanos de dinero y a grupos de extranjeros, en tanto van en aumento los millones de mexicanos que son cada vez más pobres, los cuales se encuentran entre “Los condenados de la tierra”, como les llamó Frantz Fanon.

Bueno, ni la advertencia de una experiencia en los propios Estados Unidos le ha servido a los apurados reformadores mexicanos. Edmund Gerald Brown, Gobernador por segunda ocasión en California, en reciente visita a nuestro país externó en el Senado de la República que de no regular adecuadamente (con “mano dura”) a las compañías privadas que vienen a invertir en el mercado del petróleo y la electricidad, “se los van a comer vivos”. Y es que en California tuvieron una desagradable colaboración, en particular con la empresa Enron Corporation,  una de las que muy probablemente estarán en grande en México. Un empleado de dicha Compañía reconoció que la empresa le robó a California entre uno y dos millones de dólares al día durante el periodo de crisis.


Cito para terminar unas palabras que el 27 de septiembre de 1960 pronunció el Lic. Adolfo López Mateos, Presidente de la República, con motivo de la Expropiación de la Industria Eléctrica: “Pueblo de México, les devuelvo la energía eléctrica, que es de exclusiva propiedad de la Nación, pero no se confíen porque en los años futuros algunos malos mexicanos identificados con las peores causas del país intentarán por medios sutiles entregar de nuevo el petróleo y nuestros recursos a los inversionistas extranjeros”.  

Artículo publicado el 7 de agosto de 2014 en Diario de Xalapa.