viernes, 26 de diciembre de 2014

Los conceptos de Erich Fromm en nuestros días.




Por Lisardo Enríquez L.

De las lecturas que se van acumulando en nuestra memoria a lo largo de la vida, hoy tocan a la puerta insistentemente los conceptos expuestos por el psicoanalista social Erich Fromm en su obra. Entre El corazón del hombre y Tener o ser, dos libros que hoy cobran la mayor vigencia, hay una sustancia sobre lo que es el hombre y respecto a lo que en estos días ahoga tremendamente la vida humana. En el primer caso el autor nos remite a dos conceptos opuestos del hombre ante la existencia: la biofilia como tendencia o amor a la vida, por un lado, y la necrofilia que es el amor a la muerte.

Las tendencias necrófilas se relacionan con los instintos más negativos de la especie. Lo que está sucediendo con los fundamentalistas árabes y lo que ocurre en nuestro país con bandas delincuenciales turbias deja una estela de horror y luto en muchos hogares, además de destrucción del tejido social.Los mexicanos no habíamos tenido los niveles de anulación de la vida en la forma en que ha venido ocurriendo en los años más recientes. Fromm destaca dos características sobresalientes de la actitud necrófila: su tendencia hacia el uso de la fuerza y su amor por el control, los cuales conducen a convertir la vida en muerte.

En cambio, el amor por la vida es no solamente un puro instinto de conservación, sino la búsqueda de protección y valoración propia y la de nuestros semejantes, en lo que es la conciencia de interdependencia humana, así como de relación y respeto con todos los seres vivientes y con la tierra. Fromm va del individuo a la sociedad, dice que el amor a la vida se desarrollará más en una sociedad en que haya seguridad, justicia y libertad, en el sentido de que no estén amenazadas las condiciones básicas para una vida digna, que nadie pueda ser un fin para los propósitos de otro (s), y en donde todo individuo tenga la posibilidad de ser un miembro activo y responsable de la sociedad, respectivamente.

En Tener o ser, Fromm analiza otros dos conceptos también opuestos. El tener se refiere a una forma de vida en la cual lo importante para los individuos es buscar medios materiales que después de una cierta acumulación se convierten en un desenfrenopara lo que se quiere, consiguiéndolo muchas veces a costa de los demás y de lo que sea. La forma de vida basada en el ser parte de tomar en cuenta lo mejor de nosotros mismos como personas, es decir, no ambicionar riquezas materiales y vivir de acuerdo a lo que es razonable,permitiéndose un margen para cultivar aquellas características que son propiamente humanas: lo afectivo, el intelecto, los sentimientos, el amor, la solidaridad y en general el desarrollo como personas. En nuestro medio, una amplia cantidad de personas no tienen pleno acceso para su propio desarrollo porque existen graves desequilibrios sociales, en tanto unos pocos viven de la ostentación, de la acumulación material sin límites, con recursos que no se pueden obtener de manera lícita.


El autor hace referencia a personajes de la historia donde predominan las tendencias necrófilas, especialmente el caso de Adolfo Hitler que gozaba con la destrucción y la muerte y quien, por supuesto, tenía otros problemas de personalidad. Ya no le tocó referirse por ejemplo a los dictadores golpistas de América del Sur. Hoy tendría nuevos y distintos materiales para enlazar el carácter necrófilo con el tener, que vemos predominar en la esfera pública contra el amor a la vida y las legítimas aspiraciones a ser de quienes luchan por una sociedad igualitaria y democrática.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El proyecto de nación mexicana.


Por Lisardo Enríquez L.

Hace tiempo que el proyecto de nación en México ha sido motivo de disputa. Desde el siglo XIX a la fecha de un lado están los conservadores y de otro los liberales con ese o con otro nombre. La lucha ha sido cruenta y  se ha derramado mucha sangre. Ha habido avances y retrocesos para unos y para otros. Los conservadores se ven como raza pura, ricos, destinados a dominar por sí mismos o a través de extranjeros de sangre azul y de billetes verdes. Los liberales, en términos generales, defienden las causas populares y los recursos con los que cuenta este país. En los tiempos más recientes, a veces se confunden conservadores con liberales. Muchos de éstos se parecen más a aquellos.

Por momentos triunfa la defensa del territorio y sus habitantes, en otros el interés puramente material para unos pocos y con cabida para grupos poderosos del exterior. Durante el siglo XX comenzó un despegue organizativo y de empuje para beneficiar a quienes protagonizaron la revolución. Pero duró bien poco. Después de 1940 y sobre todo desde los años 50 se da un cambio en el que el desarrollo se va a dar en favor de las zonas urbanas con un abandono casi total del campo, incluyendo la educación. La educación rural desaparece como tal en 1944 y las escuelas normales rurales se sostienen por el orgullo de sus actores en relación al servicio a la comunidad campesina. Más adelante se suprimen aproximadamente la mitad de esas escuelas, entre ellas la que se encontraba en Ximonco, municipio de Perote, Ver.

Con este viraje en el rumbo de la nación, durante la segunda mitad del siglo XX  se forma una burguesía empresarial en la que participan destacados políticos. El fundador del grupo conocido como Atlacomulco (del Estado de México) decía que “Un político pobre es un pobre político”. Y así se hizo escuela para no ser un pobre político con las consecuencias que hoy se conocen: oprobiosa desigualdad, retraso educativo, aparente democracia y muchos otros problemas lacerantes en un país de abundante riqueza natural y humana.

Sin embargo, desde 1982 el proyecto de nación de carácter conservador se acelera con la puesta en práctica del neoliberalismo que lleva a niveles insospechados el gobierno 1988-1994, el cual culmina con el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta. El siguiente sexenio es el que deja sin apoyo a su partido y sustituye al final como vocero al Instituto Electoral para anunciar quien ganó la presidencia. Los dos gobiernos de la alternancia están plagados también de corrupción, como muestra con suficientes evidencias la periodista Ana Lilia Pérez en el libro Camisas Azules, Manos negras. De manera que si el actual dirigente del Partido Acción Nacional propone con fundamentos un programa, comisión o lo que sea contra la corrupción, debe comenzar por abrir los expedientes a los que se refiere la periodista citada.

El gobierno actual da un avance mayor al neoliberalismo a modo para las políticas norteamericanas con las reformas “estructurales”, en las cuales la opinión de los ciudadanos no se tomó en cuenta, las cámaras de diputados y senadores se blindaron como propiedad privada, las protestas se desactivaron de diversas formas y las reformas se aprobaron de manera forzada a espaldas del pueblo. Cualquier persona medianamente informada se da cuenta que estas reformas son para beneficiar a los grupos empresariales del país y del extranjero, incluyendo a los medios televisivos que le dieron cobertura y amplia difusión a favor.
De manera que el proyecto de nación actual es el de unos cuantos, los que se han beneficiado una y otra vez. Quienes lo enarbolan son los conservadores de hoy, encaramados en diversos partidos políticos. Los cambios para darle la vuelta a este estado de cosas no los pueden hacer los actuales gobernantes ni los partidos políticos de los pactos. Lo que la República requiere es otra cosa muy distinta. 

(Artículo publicado el 3 de diciembre en Diario de Xalapa)




jueves, 13 de noviembre de 2014

Amor a la lectura.




Por Lisardo Enríquez L.

Cuenta el poeta español Federico García Lorca que cuando el extraordinario escritor ruso Fedor Dostoyevski se encontraba en Siberia “alejado del mundo entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía “¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!” El mismo autor del Cante jondo, al inaugurar una biblioteca en Fuente de Vaqueros, Granada, decía “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. . . Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan”.

Estas dos maneras de identificarse con los libros nos hacen ver hasta donde tienen importancia para el ser humano. Un libro, todos los libros, están indisolublemente vinculados al hombre. Esto es así porque son producto de él; son una extensión de lo humano. Y tienen la esencia de lo que el hombre es como ser pensante, como ser espiritual, como ser histórico, sensible y emotivo. Entre los libros y las personas la relación es de similitud. Cuando se encuentra el valor que los libros tienen se despierta un afecto, se crea una relación de apego, se les ve como a unos buenos amigos. Eso lo han dicho los escritores, pero también los lectores que llegan a apreciar los buenos libros y a identificarse con ellos.

La identificación con los libros nace cuando se leen. La lectura tiene que venir de la necesidad y ésta se tiene que crear. Pero hay dos aspectos respecto a ella, por una parte constituye una necesidad social, porque la comunicación humana se basa en el lenguaje y para que éste se desarrolle de manera conveniente es importante leer. El lenguaje es enteramente humano y a través de él tiene lugar tanto el desarrollo del potencial del individuo como el de la sociedad a la que pertenece. No se puede concebir la sociedad sin el lenguaje, y éste es la base del desarrollo de aquella. El lenguaje origina la letra, la escritura, los libros. Y aprendiendo a leer por gusto, haciendo que la lectura se convierta en hábito, se está en mejores condiciones de participar en la sociedad.
Por otra parte, en algún momento la lectura tiene que venir de una necesidad interior, es decir, una necesidad que tiene su origen en el propio individuo, en su deseo de encontrarse, de saber sobre el hombre mismo, sobre su historial, sobre su ser material y espiritual, sobre lo que ha descubierto, sobre lo que ha logrado y lo que aún sigue buscando. Pero tratándose de una necesidad intrínseca, no todas las personas la sienten, porque no todas han tenido la oportunidad de nacer o crecer cerca de los libros. Ésta es una limitante para quienes viven una situación de esa naturaleza. Si no se tiene acceso a la lectura de libros se carece de algo fundamental en la vida, se vive en un estado como de barbarie o salvajismo, en una cultura de atraso, rudimentaria; aún si se poseen abundantes bienes materiales.

En sociedades, grupos y familias donde hay condiciones para deleitarse con los libros y para aprovecharlos, quienes tienen esas oportunidades participan de una visión amplia del mundo y de la vida y siempre serán mejores personas. La lectura es un alimento para el espíritu. Si la lectura es voluntaria, auténtica, tiene que mover en lo más íntimo lo que somos; tiene que penetrar lo que es nuestra identidad; tiene que llevarnos a otros planos existenciales como personas.

La lectura debe consistir en una experiencia, aunque no siempre es así. Veamos. El filósofo Martín Heidegger expresa con claridad en qué consiste hacerse de una experiencia. Dice: “... hacer una experiencia con algo significa que algo nos acaece, nos alcanza; que se apodera de nosotros, que nos tumba y nos transforma...Hacer una experiencia quiere decir...dejarnos abordar en lo propio por lo que nos interpela, entrando y sometiéndonos a ello. Nosotros podemos ser así transformados por tales experiencias, de un día para otro o en el transcurso del tiempo”.

Si vemos el significado literal de la palabra experiencia, tenemos que es salir hacia afuera y pasar a través de algo. Experiencia también equivale a recorrido, travesía y viaje. El español Jorge Larrosa nos presenta una cita de Descartes que dice: “es casi lo mismo conversar con la gente de otros siglos que viajar”. En ello hace referencia a la lectura de obras clásicas de la antigüedad, una experiencia que seguramente muchos lectores han tenido al “ver” pasajes de autores de épocas anteriores. La experiencia de la lectura, entonces, consiste en un salir de uno para penetrar en el texto y luego en retornar a uno mismo otra vez, a reencontrarse, a reapropiarse de sí mismo, pero integrando a nosotros lo que nos ha dado la lectura. Ese es el viaje; esa es la experiencia de la lectura. Y es aquí donde está la mayor exigencia de la lectura, la que viene de la necesidad interior.

 La experiencia de leer no es la misma para todas las personas. No hay quien pueda aprender de la experiencia de otro; de un libro cada lector hace  su propia experiencia. Porque la experiencia de la lectura no radica en entender el significado literal del texto solamente, sino en vivirlo. Por lo tanto, en la verdadera lectura hay una relación vital entre el lector y el libro; quien lee por el gusto de hacerlo se entrega al viaje, a la aventura a la que le lleva el libro, y para ello, el lector tiene que entregarse en su totalidad.

Federico Nietzsche dice en Humano, demasiado humano: “Para todo escritor es una sorpresa siempre nueva que su libro, en cuanto se separa de él, continúe viviendo con vida propia;...el libro se busca lectores, inflama existencias, proporciona felicidad, espanto, engendra nuevas obras, se convierte en alma de principios y de acciones; en una palabra: vive como un ser dotado de espíritu y alma y, sin embargo, no es un hombre...” Como se puede comprender, la referencia a los libros y a la lectura de ellos va más allá de un código de palabras para descifrar; en los libros hay que ver, oír, sentir y probar aquello que se dice y también lo que no se dice.  En el fondo de las palabras hay algo más allá de lo que se dice.

Un libro, todos los libros, tienen una pluralidad de sentidos, es decir, tienen muchas lecturas. Porque un lector encuentra un sentido en un libro, pero otros lectores le hallarán otro sentido. De igual manera, un mismo lector percibirá un sentido, una idea que le queda de una primera lectura, pero seguro no será el mismo sentido, la misma idea de una segunda y una tercera lectura. Algo encontrará diferente cada vez; porque como dice Larrosa: “...no hay una lectura última y definitiva que dé el sentido verdadero”.

La preparación escolar, la lectura y la escritura pueden entenderse como cuestiones completamente interrelacionadas. Así debería ser, pero en la realidad no es de esa manera. Los estudios sobre lo que sucede en México respecto a este tema son motivo de profunda reflexión. En diversos momentos se han hecho importantes proyectos editoriales con sentido popular, se han creado bibliotecas públicas y escolares, se han hecho colecciones  especiales de libros para uso de las escuelas, y algo han dejado, pero no mucho. Se sabe que los lectores son pocos en relación a la inmensa cantidad de pobladores del país, esto es, el promedio de libros que se leen al año por persona es bajísimo.

Felipe Garrido, un profesional dedicado durante muchos años a la labor editorial de divulgación popular en las esferas de gobierno, en su texto El buen lector se hace, no nace, dice: “...hace falta formar en más gente el hábito de leer, hace falta que más gente sea capaz de acometer lecturas más exigentes; de comprenderlas, sentirlas y aprovecharlas”. Nos dice también que el mayor de   nuestros problemas sobre la lectura no está en que quienes son analfabetos no lean, sino en el hecho de que haya personas con nueve, doce o veinte años de instrucción escolar sin haber adquirido el hábito de la lectura. En síntesis, dice que es monstruoso que quienes terminan la preparatoria o una carrera universitaria no hayan conocido sino los libros de texto y, por lo tanto, sean incapaces de incursionar por ninguna lectura que no tenga otro fin que el desempeño profesional. Dice que “Si junto con los certificados y los títulos la población escolarizada adquiriese la afición por la lectura, ciertamente tendríamos un país más próspero, más justo y más democrático”.

El mismo Garrido sigue explorando en dónde están los problemas de la falta del hábito de la lectura y dice que la mayoría de nuestros maestros no son lectores. Expresa: “Muchas veces los he escuchado reconocer, con resignación, que no son lectores. . . Buena parte de los maestros y maestras, incluso los dedicados a la enseñanza de la lectura y la escritura no son, ellos mismos, lectores ni se sirven de la escritura...Es curioso que continuamente se capacite a los maestros en una multitud de aspectos, por lo común mediante materiales impresos, y sin embargo no se dediquen tiempo ni recursos a capacitarlos como lectores...Ser maestro debería ser sinónimo de ser lector”. Esos son los elementos de juicio de su propia experiencia de trabajo que comparte Felipe Garrido.

Otro asunto que contribuye a que no haya lectores auténticos, es decir, lectores que leen por voluntad y que lo hacen como hábito, es el que se refiere a la alfabetización como aprendizaje de letras, palabras y enunciados descontextualizados del medio social. Si se aprende a deletrear,  a medio leer y a leer sin el apoyo de lecturas que obedezcan  a las necesidades de las personas y de su entorno, no es muy probable que se adquiera el hábito de leer.

Se debe de estar convencido de que la lectura como hábito es fundamental en el desarrollo del individuo y de la sociedad. Los elementos que aquí se enuncian permiten darnos cuenta de que el propio sistema escolarizado no forma lectores. Freire decía que se encontraba con egresados de carreras de nivel superior que le manifestaban total limitación para hacer su tesis profesional porque no tenían facilidad para escribir. Así es que, en definitiva, aparte de otras acciones, aquí hay una tarea principal para quienes emprenden reformas educativas. La verdadera reforma educativa debe de proponerse hacer lectores en las escuelas de todos los niveles de escolaridad y poner especial énfasis en la formación y actualización de los maestros en este aspecto.

Quienes se inician en la placentera actividad de la lectura seguramente se preguntarán cuáles son las normas para leer un libro. En realidad la verdadera lectura no tiene reglas estrictas. La decisión de iniciarse en la lectura requiere de estímulos previos, de una motivación, de que se despierte la sensibilidad en quienes van a hacerlo. En esta parte siempre es importante que haya por lo menos un lector que tenga el deseo de “contagiar” a otros. Así lo expresa Garrido: la lectura no se aprende, se contagia.

Unos se iniciarán de una manera, otros encontrarán formas distintas. Lo deseable es que los padres les lean a los niños en su casa y los maestros en la escuela. Al comienzo pueden leerse textos breves en voz alta, seleccionados en función de los intereses de los oyentes. Después pueden ser textos un poco más extensos. Se pueden hacer comentarios e interpretaciones de lo que se lee. Más adelante es conveniente que el lector se vaya internando, él solo, en la lectura personal, en la lectura silenciosa. Se pueden recomendar libros cortos de fábulas, pequeños cuentos, historias breves. Después se pueden leer poesías sencillas, cuentos más largos y pequeñas novelas, libros de biografías y de historia particular que obedezcan siempre al interés del lector.

Es necesario precisar que el encuentro con la lectura es distinto en cada lector, porque cada individuo tiene sus tiempos, su capacidad al momento de comenzar y avanzar por sí mismo, sus intereses, preferencias, motivaciones individuales, deseos. Tal vez algunas recomendaciones sencillas serían las siguientes: buscar el espacio adecuado, es decir, el lugar donde se pueda estar con tranquilidad; no distraer la atención a la hora de leer y, por lo tanto, concentrarse en hacerlo; dar primero una mirada al libro: su portada, contraportada, índice, ilustraciones; si se considera necesario, tomar notas en un cuaderno o libreta de aquello que más le interese al lector cuando vaya leyendo; o subrayar  enunciados o párrafos que destaquen y que después se desee localizar. Al leer o escribir es importante tener a la mano siempre un diccionario.

Hace algunos años expresé que por experiencia propia podía afirmar que la lectura es fuente de vida, que la lectura de un libro nos crea la necesidad de ir a otro, luego a otro más y así sucesivamente. Pero que necesitamos la motivación inicial, y ésta es la que tenemos obligación de dar los lectores a quienes no lo son todavía. Porque, sin duda, la lectura permite el desarrollo del razonamiento, de la memoria, de la sensibilidad, del lenguaje, así como de la personalidad, y contribuye al enriquecimiento espiritual y cultural de las personas.

Adelaida Nieto, promotora de la lectura en Colombia expresó lo siguiente: “Leer es un acto real de amor entre el libro y el lector, si entendemos el amor como una forma de relacionarnos, en la cual el ser del otro es legítimo. Leer es un acto amoroso que nos permite mirar más allá de lo que ven los ojos”. El argentino Jorge Luis Borges escribió: “La lectura debe ser una de las formas de la felicidad”.


Publicado en 4 partes en Diario de Xalapa, los días 6, 13, 20 y 27 de octubre de 2014.

domingo, 5 de octubre de 2014



Por Lisardo Enríquez L.
Es motivo de satisfacción para todos los mexicanos, en particular para quienes aprecian la cultura, que exista en nuestro país una institución descentralizada del propio Estado Mexicano que desde su fundación en 1934 y hasta la fecha ha mantenido su producción y ha contribuido a divulgar el conocimiento, así como diversas manifestaciones de la creatividad humana a través de los libros. Se trata del Fondo de Cultura Económica (FCE) fundado por el historiador, economista y escritor Daniel Cosío Villegas, quien fue también su primer director.
El fundador de esta notable editorial mexicana dice en sus memorias: “El Fondo de Cultura Económica, pues, quedó organizado como un fideicomiso: los fideicomitentes serían las personas físicas o morales que aportaran recursos económicos al Fondo; el fideicomisario era el Banco Nacional Hipotecario y de Obras Públicas, que manejaría los dineros; y una Junta de Gobierno se encargaría del aspecto técnico, es decir, de la producción, distribución y venta de los libros. Esa junta quedó constituida (en aquel año) por Gonzalo Robles, Manuel Gómez Morín, Eduardo Villaseñor, Emigdio Martínez Adame, Adolfo Prieto y yo”. Dos dejaron pronto la Junta. A uno de ellos (a Gómez Morín) lo sustituyó Jesús Silva Herzog, otro destacado historiador  y economista mexicano.

Muchos escritores y poetas han dado su esfuerzo a la labor del Fondo, entre ellos Alfonso Reyes, Juan Rulfo, Juan José Arreola, José Gorotiza, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Carlos Pellicer, Carlos Fuentes, Salvador Elizondo, Alí Chumacero y Ramón Xirau. En un principio se pensaba que el FCE solamente estaría dedicado a publicar obras sobre economía. Esa fue la razón de que se llamara “de Cultura Económica”, no porque se hubiera tratado de vender libros muy baratos, aunque en los hechos ese ha sido su cometido. Pocas editoriales han ofertado materiales tan actualizados, abundantes, de contenido escrupuloso y a precio tan accesible como el Fondo. Actualmente tiene subsidiarias en Guatemala, Buenos Aires, Caracas, Lima, Santiago de Chile, Madrid y San Diego.

Para tener una idea, o repasar en la mente lo inmenso de la producción del FCE, es suficiente con citar el nombre de algunas de las Colecciones en las que se han publicado numerosos títulos, a saber: Breviarios, Popular, Vida y Pensamiento de México, Biblioteca Americana, Letras Mexicanas, Tierra Firme, Biblioteca Joven, Antropología, Obras de Historia, Lengua y Estudios Literarios, Educación y Pedagogía, Espacios para la Lectura y Conmemorativa 70 Aniversario. Los directivos actuales anunciaron que con motivo de los 80 años del Fondo de Cultura Económica habrá  en breve reediciones, entre ellas de los Breviarios; que se publicarán textos sobre el centenario del natalicio de Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas; además de obras nuevas.


El FCE ha tenido directores que han dejado su huella en el trabajo desarrollado ahí. Para terminar este breve comentario se puede citar la etapa que va de 1977 a 1982, en la cual estuvo al frente el crítico y escritor José Luis Martínez. Sólo en ese periodo se publicaron 701 nuevos títulos, así como la Colección de Revistas Literarias Mexicanas Modernas correspondientes a la primera mitad del siglo XX, en edición facsimilar. Es la muestra de una empresa que ha rendido frutos en México y que es ampliamente reconocida en el extranjero.

(Artículo publicado el 29 de septiembre en Diario de Xalapa) 

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Los 50 años del Conjunto Folklórico Veracruz.


Conjunto Folklórico Veracruz


Por Lisardo Enríquez L.

La ahora Benemérita Escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen” se ha caracterizado por poner buenos cimientos en la formación de quienes han estado en sus aulas y por divulgar todo aquello que es significativo de nuestras raíces culturales, como es el folklor. Pero cada época tiene lo suyo. La década de los años sesenta del siglo anterior se caracterizó en Veracruz por el apoyo fuerte a la educación y al deporte, incluyendo la construcción de edificios, como son los gimnasios que hay en Xalapa y la obra magna que constituye precisamente el local de nuestra escuela normal.

Casi a la par con la construcción del nuevo edificio de la Escuela Normal, hubo maestros entusiastas que promovieron la educación y varias manifestaciones del arte, entre ellas la danza autóctona y el baile regional, así como la música y el canto. Estas tres ramas del arte se desarrollaron de manera simultánea al crearse el Conjunto Folklórico Veracruz dentro de la propia normal, como pilar que llevaría a todo nuestro estado, al país y a las distintas regiones del mundo, la música y la danza originarias de Veracruz y de las demás regiones de México. El eje principal de realización de esta agrupación dancística fue el maestro Miguel Vélez Arceo, quien estudió en la Escuela Nacional de Maestros y en la Academia de la Danza Mexicana y quien, sin duda alguna, vino a dejar una huella profunda de su profesionalismo.

De manera paralela se conformaron grupos de música y de coros que tuvieron actividad independiente, pero que en principio se integraron por las necesidades del mismo Conjunto Folklórico Veracruz. A la cabeza del grupo musical se colocó el maestro Alberto de la Rosa y como organizador y preparador de coros el versátil maestro Mateo Oliva Oliva. Los artistas de danza, música y canto que formaron originalmente este Conjunto fueron estudiantes de la familia normalista que tomaron un camino que les dio y les sigue dando muchas satisfacciones.

Fundada en 1964, esta institución de divulgación de la danza, la música y las canciones del folklor mexicano se dio cita nuevamente en la Escuela Normal Veracruzana para celebrar 50 años de existencia. En el Auditorio de la misma los iniciadores bailaron, tocaron y cantaron este miércoles 17 de septiembre, con orgullo y alegría. El programa comenzó con la participación de la Banda Sinfónica del Gobierno del Estado, después con un desfile de jovencitas ataviadas con hermosos trajes regionales y lo que es propiamente la danza se presentó en dos cuadros: Istmo de Oaxaca y Veracruz. Acompañaron a los danzantes un grupo de guitarras, un coro de mujeres, la Marimba de los Hermanos Barranco, el Grupo de música jarocha Los Cantores dirigido por Alberto de la Rosa, así como un ballet folklórico de jóvenes y otro de niños.

Para cerrar esta conmemoración, el maestro Wilfrido Sánchez Márquez, Subdirector Técnico de la Dirección General de Educación Popular en aquellos años de la fundación del Conjunto Folklórico Veracruz, develó una placa alusiva, acompañado del maestro Fidel Hernández Fernández, Director de la Escuela Normal Veracruzana, así como de otros invitados especiales.


Es larga la lista de los integrantes del Conjunto. Algunos de ellos son los siguientes: Mirna Sánchez Sánchez, Rosalba Durán Platas, Esperanza Wells, Rolando Pérez Reyes, Alejandro Gómez, Austreberto Goméz Beristain, Jesús Hazas Murillo, Pedro Serrano Almeida, José Antonio Rodríguez González y muchos otros a quienes felicitamos desde este espacio que nos brinda amablemente Diario de Xalapa.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Beguidi comienza a volar.


Mis primeros garabatos. 
Beguidi Sánchez Castillo.

Por Lisardo Enríquez. 
En la lengua zapoteca la palabra Beguidi significa mariposa. Y ese es el nombre propio de una niña que nació en diciembre del año 2003, a los 7 meses de gestación, es decir, antes que el común de la mayoría de los niños. El nombre que sus padres escogieron fue seleccionado de una lista que el maestro y antropólogo Carlo Antonio Castro les recomendó. Ella dice que su nombre le gusta mucho porque no es común y porque no conoce a alguien que se llame igual. También se puede decir que utilizar palabras de una lengua como el maya, el zapoteco, el náhuatl y otras con un bello significado, nos lleva a recuperar de alguna manera nuestra cultura originaria.

El padre de Beguidi, Sr. Arturo Sánchez y Gándara, ha estado muy relacionado con los libros, se dedica, entre otras cosas, a darles forma y presentación después de que fueron escritos por sus autores, esto es, tiene como oficio editar libros. Cuenta el Mtro. Sergio Vázquez Zárate que un día Beguidi dijo a su papá que quería su libro, a lo que él contesto que le dijera cuál para dárselo. Pero ella no se refería a un libro ya publicado, lo que deseaba era que le editara uno escrito por ella misma. En ese entonces tendría entre 8 y 9 años de edad.

Don Arturo se dio cuenta que su hija hablaba en serio, tenía varios dibujos y algunos pequeños textos escritos con su propia mano en hojas sueltas. Entonces se pusieron a trabajar. Con ayuda de su mamá, fue dándole forma a lo que sería su libro; su primer libro. En el mes de agosto de 2012, bajo el patrocinio de la Asociación para el Desarrollo Integral de la Región de Misantla, A.C., apareció en S. y G. Editores un libro tipo cuaderno rectangular con pastas gruesas llamado Mis primeros garabatos, cuya autora es Beguidi Sánchez Castillo.

En la Colección Narrativa y cuento infantil este texto trata de las experiencias que la autora ha tenido durante su infancia, etapa que todavía no abandona porque sigue siendo una niña. Es una lección de vida para muchos otros niños, incluso para jóvenes y adultos. Vivir entre libros y con quienes les dan vida a éstos en un medio impreso, que es precisamente el libro, procura obviamente el amor a ellos, a la letra, al lenguaje, a la lectura y a la escritura, como aquí se demuestra.

La portada y la contraportada tienen en su mayor extensión un color amarillo, grato a la vista, con bordes en color morado que dan un contraste bien logrado. En el centro de la portada está un dibujo que corresponde al autorretrato de la autora, rodeado con mariposas de diversos colores. El título y nombre de la autora están en letra manuscrita. Las páginas vienen en un papel suave, lynx opaque de 104 g. Las páginas pares tienen un breve texto con la letra manuscrita de quien los elaboró y las páginas nones llevan un dibujo de la misma autora. De ahí los garabatos, como ella los nombra. El libro todo es hermoso.

Es indudable que el ejemplo que demos a los hijos influirá en su formación, en su conducta. Beguidi habla de su gusto por el campo, las plantas y los animales; de su experiencia de sembrar junto con su papá maíz, frijol, aguacate, violetas y plantas de ornato. También cuenta que celebró su cumpleaños número 8 con un viaje a Tablón Chico, estado de Hidalgo, adonde fue con sus papás y otras personas a donar ropa y juguetes a los niños de aquella localidad. Su correo electrónico es beguidisc@hotmail.com y su Facebook es: Bibi Sánchez Castillo. La mariposa, Beguidi, empieza a volar, y puede ser que vuele alto. 

Artículo publicado el viernes 13 de septiembre en Diario de Xalapa. 

martes, 2 de septiembre de 2014

Libro sobre la Escuela Rural de Misantla (1952-1960)



Presentación del libro Hubo una vez una Escuela Normal Rural en Misantla.
(Foto: Plumas Libres) 



Por Lisardo Enríquez L.

Educación es pasión, es amor, es entregarse a una causa con gusto, por el placer de servirle a los demás en el proceso de la formación y desarrollo de su personalidad. En nuestro país, esta convicción estuvo vinculada a un ideal que surgió del movimiento revolucionario en su etapa de construcción que, como dicen quienes lo vivieron y quienes lo han estudiado, mantuvo su vigencia de 1921 a 1940. En ese lapso, la educación mexicana creó tres modelos propios para atender a los campesinos, a saber: la Escuela Rural Mexicana, las Misiones Culturales y las Escuelas Normales Rurales.

El ímpetu que en ese entonces les imprimió la frescura de la Revolución Mexicana en su tendencia eminentemente popular, hizo que estas modalidades tuvieran una filosofía específica para las necesidades de los habitantes de las zonas rurales. Es así como surgen las escuelas normales rurales a partir de 1922. El plan era crear una de estas escuelas en cada entidad federativa. Su número total llegó a 29 y a partir de 1969 quedaron solamente 15. Sin embargo, su esencia como instituciones para la educación en el campo terminó en 1942, fecha en que se unificaron los planes de estudio para todo el país, con un solo enfoque en el que predomina la visión urbana.

No obstante esos cambios en los planes de estudio, maestros y estudiantes mantuvieron en alto el ideal de estas escuelas. Por eso es importante rescatar la memoria de su acción, como ahora lo hace el maestro Salvador Hernández Mejía, quien llevó a su concreción la obra Hubo una vez una escuela normal rural en Misantla, Veracruz, con 192 páginas, la cual ya fue presentada en público en la Ciudad donde estuvo operando dicha escuela, y este jueves 28 de agosto en el Salón Azul de la Unidad Interdisciplinaria de Humanidades de la Universidad Veracruzana, en donde por muchos años el autor fue maestro en la facultad de historia.

La ceremonia de presentación de este ilustrativo texto fue todo un acontecimiento. El Salón fue insuficiente para albergar al público que asistió. Pero más allá de eso, la parte formal fue solemne y no por ello dejo de permitirse los comentarios de buen humor. Coordinó la mesa el Mtro. Arqueólogo Sergio Vázquez Zárate, Director de la Facultad de Antropología de la U.V. Hubo sólo dos presentadores: la Dra, Julieta Arcos Chigo y el Mtro. Ernesto Gerardo Fernández Panes. La Dra. Julieta Arcos sostuvo que este libro es un aporte a la historia de la educación de Veracruz, que es un rescate de la vida cotidiana de Misantla y que nos proporciona lo que es el ideal de ser maestro y de lo que debe ser la escuela.

Por su parte, el maestro Panes, como se le conoce afectuosamente, mencionó que esta obra de 17 capítulos va por el sendero de lo autobiográfico y de lo anecdótico y saca a luz pública  a los protagonistas de las historias que aquí se narran. Con la experiencia militante que el maestro Panes tiene desde su primera juventud, pintó el panorama de lo que ha sido la cuestión social y política de la segunda mitad del siglo XX.

La Escuela Normal Rural de Misantla “Enrique Rodríguez Cano” inició sus actividades en el mes de agosto de 1952, teniendo como edificio escolar una casona ubicada en la confluencia de las calles Alatriste y Las Cruces, en Misantla, Veracruz, y cerró sus puertas, para ser trasladada a Ximonco, municipio de Perote, en el año de 1960. El autor, y también protagonista importante en este relato dice textualmente: “parece que el único que defendió a la normal para que no se fuera de Misantla fue su fundador: el Profr. Pablo Limón Anell; y lo paradójico, es que a él también le tocó la clausura en Perote”, en el año de 1969.


Por todo lo que expresa Salvador Hernández Mejía, el maestro, el historiador, hace falta un justo y reconocido homenaje, que puede ser a través de biografías “vivas” de los maestros Pablo Limón Anell y José Galicia Esteban, quienes fueron la semilla principal en aquella escuela de Misantla. Al autor, a quien tuve la dicha de conocer gracias a la cercanía de colaborador que tuve con el maestro Manuel Gámez Fernández, se le conoce y reconoce por el trabajo que a lo largo de los años ha realizado con sus alumnos. Eso es lo que recuerdan  muy bien Ohtli y Jessica, sus alumnos en la facultad de historia.  

Artículo publicado el 1 de septiembre de 2014 en Diario de Xalapa.