jueves, 22 de enero de 2015

Julio Scherer, periodista honesto, crítico e independiente.


Julio Scherer García, fundador de la Revista Proceso. 



Por Lisardo Enríquez L.

 La defensa de la libertad de expresión durante la segunda mitad del siglo XX en México, difícilmente se podría explicar sin el periodista Don Julio Scherer García, “hombre austero, probo, de convicciones inquebrantables”, dice Jorge Sánchez Cordero. Desde joven ingresó al periódico Excélsior como reportero y entrevistador, oficio que no abandonó en ningún momento de su vida. Del 31 de agosto de 1968 a julio de 1976 fue director de ese diario nacional que dirigió mediante una política libre, independiente y crítica, fomentando a la vez publicaciones de carácter cultural en suplementos y revistas.

El 6 de noviembre de 1976 fundó el semanario Proceso, a pesar de advertencias y amenazas que recibió para su publicación. Entre las revistas que precedieron a ésta se pueden mencionar Política, dirigida por Manuel MarcuéPardiñas;Siempre, dirigida por José Pagés Llergo;Por qué? y después Por Esto, dirigidas por Mario Menéndez Rodríguez, entre las que se pueden citar por alguna semejanza con Proceso. Uno de los colaboradores de ésta, Rogelio Flores Morales, cuenta que Don Julio le dijo: “Le voy a contar algo. Cuando salí de Excélsior no dormía. Por las noches sudaba, empapado mi cuerpo. Tenía el ánimo quebrado. Se lo digo: pensé en el suicidio”. Y es que lejos de asumir su ejercicio periodístico como adulador del poder político, lo encaró con libertad, independencia, dignidad y crítica. Pero con una crítica fundada, basada en la investigación de hechos y realidades.

Realizó entrevistas a lo largo de muchos años, las cuales están consideradas como exclusivas y trascendentes, entre ellas a André Malraux, Igor Stravinski, Arthur Miller, Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias, Carlos Chávez, Martín Luis Guzmán, Alfonso Reyes, José Clemente Orozco, Diego Rivera, Frida Kahlo, Fidel Castro y muchos más. Apoyó a intelectuales y artistas, como a su manera lo hizo antes José Vasconcelos. A los primeros les abrió y brindó espacios para publicar sus textos, sus opiniones, con entera libertad. A Octavio Paz, por ejemplo, cuando regresó de la India a nuestro país lo invitó a que editara una revista de literatura y fue así como apareció por varios años Plural, que se dejó de editar por solidaridad con Don Julio cuando fue separado de Excélsior. Dejó el cargo de director de la revista Proceso en 1996 y se dedicó más a escribir libros. De éstos son 22 los que se editaron.

Quienes lo conocieron, en particular amigos y colaboradores, lo describen como un gran conversador en temas que siempre eran fundamentales y llenos de contenido; muy ajeno a los halagos; de una inteligencia sobresaliente; atento alescuchar a sus interlocutores; amante de la verdad y de la imparcialidad; intolerante con la mentira, la incongruencia y la traición; generoso, solidario y sensible ante el dolor de los demás. A sus colegas les recomendaba: “duerma menos y escriba más”.


Con unas palabras del ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Dr. Ramón de la Fuente, se puede recuperar en concreto lo que fue el maestro del periodismo Don Julio Scherer. Lo expresa de esta manera: “Recordar hoy a Don Julio es recobrar la confianza en la integridad de las personas, en la fortaleza de las convicciones, en la firmeza del carácter, en el rigor del análisis y el peso de la crítica; en la independencia y en la autonomía como formas de realización individual”.

(Artículo publicado el 19 de enero de 2015 en Diario de Xalapa). 

sábado, 17 de enero de 2015

José Martí Poeta.



José Martí. Versos Libres. 

Por Lisardo Enríquez L.

Del héroe, revolucionario, político, periodista, orador, filósofo y poeta cubano José Martí muchos  leímos en libros escolares La rosa blanca y La niña de Guatemala. A quienes nos gusta leer, después hemos disfrutado prosa y poesía de este gigante de “nuestra América”. El cantante y autor de una larga producción de composiciones, también cubano, Pablo Milanés, hizo un disco de larga duración con poemas de Martí a los que puso música, permitiendo con ello otra forma de disfrutarlos.

Martí vivió en la segunda mitad del siglo XIX (La Habana 1853-Dos Ríos 1895). El escritor mexicano Mauricio Magdaleno ha dicho que la obra escrita de Martí “es enorme y abarca todas las esferas del pensamiento”. Se le considera precursor del modernismo literario hispanoamericano. En el caso específico de su poesía, él mismo pidió que al darse a la imprenta se iniciara con Ismaelillo, conjunto de quince poemas inspirados en el amor a su pequeño hijo. Dos grandes de la poesía americana de aquel tiempo, Rubén Darío y José Asunción Silva, se dieron cuenta muy pronto del valor literario de los versos del patriota cubano y lo expresaron públicamente.

Había en su espíritu ternura y devoción apasionada por los niños, pero debido a sus ideas independentistas fue desterrado de Cuba. Vivió en España, Estados Unidos y México. En Nueva York editó una revista para los niños de América que se llamó La Edad de Oro, de la cual aparecieron cuatro números bellamente ilustrados con un contenido perfectamente asequible a los infantes. En el segundo número se incluyó el poema Los dos príncipes que en una parte dice: “En los álamos del monte/tiene su casa el pastor. / La pastora está diciendo: / ¿Por qué tiene luz el sol?”

Versos libres constituye una parte importante de su obra poética. Al respecto, el poeta cubano Cintio Vitier escribió que estos versos forman la región volcánica de la poesía de Martí. En una nota previa a este otro conjunto de poemas, el propio autor dice: “Estos son mis versos. Son como son. A nadie los pedí prestados. . . Tajos son éstos de mis propias entrañas-mis guerreros-. Ninguno me ha salido recalentado, artificioso, recompuesto, de la mente; sino como las lágrimas salen de los ojos y la sangre sale a borbotones de la herida”.

Un libro más de poemas es Flores del destierro que en el título anuncia su mensaje. El poema Domingo triste empieza de esta manera: “Las campanas, el sol, el cielo claro / me llenan de tristeza, y en los ojos / llevo un dolor que el verso compasivo mira, / un rebelde dolor que el verso rompe / ¡y es ¡oh mar! La gaviota pasajera / que rumbo a Cuba va sobre tus olas!

Uno de sus mejores libros de poesía es, sin duda, Versos sencillos. Los poemas que integran este otro conjunto se consideran un registro autobiográfico del autor y algunos críticos sostienen que en ellos se encuentra la verdadera modernidad de la poesía de Martí. Un ejemplo muy conocido es el siguiente: “Yo soy un hombre sincero / de donde crece la palma / y antes de morirme quiero / echar mis versos del alma”. Y más adelante dice: “Oculto en mi pecho bravo / la pena que me lo hiere: / el hijo de un pueblo esclavo / vive por él, calla y muere”.


Juan Marinello, otro escritor cubano, hizo una selección de esta obra poética a la que nombró Poesía mayor. En el prólogo afirma: “sólo quien posea como Martí incontable riqueza de palabras y rara fuerza sintética puede lograr esta colmada sencillez”.

(Artículo publicado el 13 de enero de 2015 en Diario de Xalapa)

miércoles, 31 de diciembre de 2014

José Mujica y el ideal de vida.



José Mujica, presidente de Uruguay. 
Por Lisardo Enríquez L.

El dominio capitalista penetra todos los ámbitos de la sociedad, valiéndose de los medios que le permite el dinero y a través de ello influye en la conducta de las personas. Para mucha gente es prácticamente imperceptible que vive en competencia franca y obligada por todo con sus semejantes. Es decir, que vive una deshumanización. Esta es la explicación de por qué quienes han alcanzado plena conciencia de tal estado de cosas realizan acciones de rechazo a ese sistema dominante, llegando al extremo de tomar las armas para enfrentar al poder político establecido. Hombres y mujeres de esta clase siempre tienen un ideal que desean alcanzar para el bienestar de los demás.

Un caso relevante de quien ha vivido para contarlo es el del actual presidente de la República de Uruguay José Mujica, quien tiene actualmente 79 años de edad. A fines de los años 50 y durante la década de los 60 del siglo XX, ese país se sumió en una crisis que generó inconformidad y entre otros grupos surgió el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros como fuerza guerrillera al que se adhirió Mujica. Su participación en esta lucha le valió que lo hirieran en combate en varias ocasiones y que lo encarcelaran también más de una vez, una de las cuales duró casi 13 años.Combatió el autoritarismo con las armas y arriesgó la vida por sus ideas.

En 1985, una vez que volvió el régimen democrático a su país, se benefició con una ley de amnistía. Poco después tomó la decisión de insertarse en la lucha político-electoral. Se cuenta entre los fundadores del Movimiento de Participación Popular que actúa dentro del llamado Frente Amplio. En 1994 fue electo diputado, en 1999 senador y el 29 de noviembre de 2009 fue electo presidente de la República, cargo que asumió en marzo de 2010. Actualmente Uruguay tiene en América Latina uno de los niveles más altos de alfabetización, ocupa el segundo lugar con menor índice de corrupción y tiene junto con Costa Rica la distribución más equitativa de ingresos, entre otros de sus logros.

José Mujica y su esposa Lucía Topolanski, quien también participa en política, viven de manera muy austera, sin lujos. Al asumir la presidencia permanecieron en la casa de su propiedad en lugar de trasladarse a la residencia presidencial. El único medio de transporte que este hombre utiliza es un automóvil Volkswagen modelo 87. El 90% de su sueldo lo canaliza a proyectos de ayuda contra la pobreza. El cineasta Emir Kusturica considera a Mujica como “el último héroe de la política”.

En declaraciones a la prensa ha dicho que México tiene una personalidad cultural muy fuerte. Pero respecto a la desaparición forzada de los estudiantes de Ayotzinapa dijo que es algo “terrible”, como si México fuera “una especie de estado fallido”. Por supuesto Mujica basa sus opiniones en las convicciones propias respecto a la situación económica, política y social. Sostiene que vivimos probablemente en el continente más rico, que es a la vez el más injusto; que la violencia y los conflictos sociales son consecuencia del pésimo reparto de la riqueza. Ese es el presidente de Uruguay, un hombre sencillo que dice sus verdades en los foros de la ONU y en donde tiene oportunidad de hablar. Un hombre congruente entre lo que dice y lo que hace.


 (Artículo publicado el 31 de diciembre de 2014 en Diario de Xalapa.) 


viernes, 26 de diciembre de 2014

Los conceptos de Erich Fromm en nuestros días.




Por Lisardo Enríquez L.

De las lecturas que se van acumulando en nuestra memoria a lo largo de la vida, hoy tocan a la puerta insistentemente los conceptos expuestos por el psicoanalista social Erich Fromm en su obra. Entre El corazón del hombre y Tener o ser, dos libros que hoy cobran la mayor vigencia, hay una sustancia sobre lo que es el hombre y respecto a lo que en estos días ahoga tremendamente la vida humana. En el primer caso el autor nos remite a dos conceptos opuestos del hombre ante la existencia: la biofilia como tendencia o amor a la vida, por un lado, y la necrofilia que es el amor a la muerte.

Las tendencias necrófilas se relacionan con los instintos más negativos de la especie. Lo que está sucediendo con los fundamentalistas árabes y lo que ocurre en nuestro país con bandas delincuenciales turbias deja una estela de horror y luto en muchos hogares, además de destrucción del tejido social.Los mexicanos no habíamos tenido los niveles de anulación de la vida en la forma en que ha venido ocurriendo en los años más recientes. Fromm destaca dos características sobresalientes de la actitud necrófila: su tendencia hacia el uso de la fuerza y su amor por el control, los cuales conducen a convertir la vida en muerte.

En cambio, el amor por la vida es no solamente un puro instinto de conservación, sino la búsqueda de protección y valoración propia y la de nuestros semejantes, en lo que es la conciencia de interdependencia humana, así como de relación y respeto con todos los seres vivientes y con la tierra. Fromm va del individuo a la sociedad, dice que el amor a la vida se desarrollará más en una sociedad en que haya seguridad, justicia y libertad, en el sentido de que no estén amenazadas las condiciones básicas para una vida digna, que nadie pueda ser un fin para los propósitos de otro (s), y en donde todo individuo tenga la posibilidad de ser un miembro activo y responsable de la sociedad, respectivamente.

En Tener o ser, Fromm analiza otros dos conceptos también opuestos. El tener se refiere a una forma de vida en la cual lo importante para los individuos es buscar medios materiales que después de una cierta acumulación se convierten en un desenfrenopara lo que se quiere, consiguiéndolo muchas veces a costa de los demás y de lo que sea. La forma de vida basada en el ser parte de tomar en cuenta lo mejor de nosotros mismos como personas, es decir, no ambicionar riquezas materiales y vivir de acuerdo a lo que es razonable,permitiéndose un margen para cultivar aquellas características que son propiamente humanas: lo afectivo, el intelecto, los sentimientos, el amor, la solidaridad y en general el desarrollo como personas. En nuestro medio, una amplia cantidad de personas no tienen pleno acceso para su propio desarrollo porque existen graves desequilibrios sociales, en tanto unos pocos viven de la ostentación, de la acumulación material sin límites, con recursos que no se pueden obtener de manera lícita.


El autor hace referencia a personajes de la historia donde predominan las tendencias necrófilas, especialmente el caso de Adolfo Hitler que gozaba con la destrucción y la muerte y quien, por supuesto, tenía otros problemas de personalidad. Ya no le tocó referirse por ejemplo a los dictadores golpistas de América del Sur. Hoy tendría nuevos y distintos materiales para enlazar el carácter necrófilo con el tener, que vemos predominar en la esfera pública contra el amor a la vida y las legítimas aspiraciones a ser de quienes luchan por una sociedad igualitaria y democrática.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El proyecto de nación mexicana.


Por Lisardo Enríquez L.

Hace tiempo que el proyecto de nación en México ha sido motivo de disputa. Desde el siglo XIX a la fecha de un lado están los conservadores y de otro los liberales con ese o con otro nombre. La lucha ha sido cruenta y  se ha derramado mucha sangre. Ha habido avances y retrocesos para unos y para otros. Los conservadores se ven como raza pura, ricos, destinados a dominar por sí mismos o a través de extranjeros de sangre azul y de billetes verdes. Los liberales, en términos generales, defienden las causas populares y los recursos con los que cuenta este país. En los tiempos más recientes, a veces se confunden conservadores con liberales. Muchos de éstos se parecen más a aquellos.

Por momentos triunfa la defensa del territorio y sus habitantes, en otros el interés puramente material para unos pocos y con cabida para grupos poderosos del exterior. Durante el siglo XX comenzó un despegue organizativo y de empuje para beneficiar a quienes protagonizaron la revolución. Pero duró bien poco. Después de 1940 y sobre todo desde los años 50 se da un cambio en el que el desarrollo se va a dar en favor de las zonas urbanas con un abandono casi total del campo, incluyendo la educación. La educación rural desaparece como tal en 1944 y las escuelas normales rurales se sostienen por el orgullo de sus actores en relación al servicio a la comunidad campesina. Más adelante se suprimen aproximadamente la mitad de esas escuelas, entre ellas la que se encontraba en Ximonco, municipio de Perote, Ver.

Con este viraje en el rumbo de la nación, durante la segunda mitad del siglo XX  se forma una burguesía empresarial en la que participan destacados políticos. El fundador del grupo conocido como Atlacomulco (del Estado de México) decía que “Un político pobre es un pobre político”. Y así se hizo escuela para no ser un pobre político con las consecuencias que hoy se conocen: oprobiosa desigualdad, retraso educativo, aparente democracia y muchos otros problemas lacerantes en un país de abundante riqueza natural y humana.

Sin embargo, desde 1982 el proyecto de nación de carácter conservador se acelera con la puesta en práctica del neoliberalismo que lleva a niveles insospechados el gobierno 1988-1994, el cual culmina con el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta. El siguiente sexenio es el que deja sin apoyo a su partido y sustituye al final como vocero al Instituto Electoral para anunciar quien ganó la presidencia. Los dos gobiernos de la alternancia están plagados también de corrupción, como muestra con suficientes evidencias la periodista Ana Lilia Pérez en el libro Camisas Azules, Manos negras. De manera que si el actual dirigente del Partido Acción Nacional propone con fundamentos un programa, comisión o lo que sea contra la corrupción, debe comenzar por abrir los expedientes a los que se refiere la periodista citada.

El gobierno actual da un avance mayor al neoliberalismo a modo para las políticas norteamericanas con las reformas “estructurales”, en las cuales la opinión de los ciudadanos no se tomó en cuenta, las cámaras de diputados y senadores se blindaron como propiedad privada, las protestas se desactivaron de diversas formas y las reformas se aprobaron de manera forzada a espaldas del pueblo. Cualquier persona medianamente informada se da cuenta que estas reformas son para beneficiar a los grupos empresariales del país y del extranjero, incluyendo a los medios televisivos que le dieron cobertura y amplia difusión a favor.
De manera que el proyecto de nación actual es el de unos cuantos, los que se han beneficiado una y otra vez. Quienes lo enarbolan son los conservadores de hoy, encaramados en diversos partidos políticos. Los cambios para darle la vuelta a este estado de cosas no los pueden hacer los actuales gobernantes ni los partidos políticos de los pactos. Lo que la República requiere es otra cosa muy distinta. 

(Artículo publicado el 3 de diciembre en Diario de Xalapa)




jueves, 13 de noviembre de 2014

Amor a la lectura.




Por Lisardo Enríquez L.

Cuenta el poeta español Federico García Lorca que cuando el extraordinario escritor ruso Fedor Dostoyevski se encontraba en Siberia “alejado del mundo entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía “¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!” El mismo autor del Cante jondo, al inaugurar una biblioteca en Fuente de Vaqueros, Granada, decía “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. . . Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan”.

Estas dos maneras de identificarse con los libros nos hacen ver hasta donde tienen importancia para el ser humano. Un libro, todos los libros, están indisolublemente vinculados al hombre. Esto es así porque son producto de él; son una extensión de lo humano. Y tienen la esencia de lo que el hombre es como ser pensante, como ser espiritual, como ser histórico, sensible y emotivo. Entre los libros y las personas la relación es de similitud. Cuando se encuentra el valor que los libros tienen se despierta un afecto, se crea una relación de apego, se les ve como a unos buenos amigos. Eso lo han dicho los escritores, pero también los lectores que llegan a apreciar los buenos libros y a identificarse con ellos.

La identificación con los libros nace cuando se leen. La lectura tiene que venir de la necesidad y ésta se tiene que crear. Pero hay dos aspectos respecto a ella, por una parte constituye una necesidad social, porque la comunicación humana se basa en el lenguaje y para que éste se desarrolle de manera conveniente es importante leer. El lenguaje es enteramente humano y a través de él tiene lugar tanto el desarrollo del potencial del individuo como el de la sociedad a la que pertenece. No se puede concebir la sociedad sin el lenguaje, y éste es la base del desarrollo de aquella. El lenguaje origina la letra, la escritura, los libros. Y aprendiendo a leer por gusto, haciendo que la lectura se convierta en hábito, se está en mejores condiciones de participar en la sociedad.
Por otra parte, en algún momento la lectura tiene que venir de una necesidad interior, es decir, una necesidad que tiene su origen en el propio individuo, en su deseo de encontrarse, de saber sobre el hombre mismo, sobre su historial, sobre su ser material y espiritual, sobre lo que ha descubierto, sobre lo que ha logrado y lo que aún sigue buscando. Pero tratándose de una necesidad intrínseca, no todas las personas la sienten, porque no todas han tenido la oportunidad de nacer o crecer cerca de los libros. Ésta es una limitante para quienes viven una situación de esa naturaleza. Si no se tiene acceso a la lectura de libros se carece de algo fundamental en la vida, se vive en un estado como de barbarie o salvajismo, en una cultura de atraso, rudimentaria; aún si se poseen abundantes bienes materiales.

En sociedades, grupos y familias donde hay condiciones para deleitarse con los libros y para aprovecharlos, quienes tienen esas oportunidades participan de una visión amplia del mundo y de la vida y siempre serán mejores personas. La lectura es un alimento para el espíritu. Si la lectura es voluntaria, auténtica, tiene que mover en lo más íntimo lo que somos; tiene que penetrar lo que es nuestra identidad; tiene que llevarnos a otros planos existenciales como personas.

La lectura debe consistir en una experiencia, aunque no siempre es así. Veamos. El filósofo Martín Heidegger expresa con claridad en qué consiste hacerse de una experiencia. Dice: “... hacer una experiencia con algo significa que algo nos acaece, nos alcanza; que se apodera de nosotros, que nos tumba y nos transforma...Hacer una experiencia quiere decir...dejarnos abordar en lo propio por lo que nos interpela, entrando y sometiéndonos a ello. Nosotros podemos ser así transformados por tales experiencias, de un día para otro o en el transcurso del tiempo”.

Si vemos el significado literal de la palabra experiencia, tenemos que es salir hacia afuera y pasar a través de algo. Experiencia también equivale a recorrido, travesía y viaje. El español Jorge Larrosa nos presenta una cita de Descartes que dice: “es casi lo mismo conversar con la gente de otros siglos que viajar”. En ello hace referencia a la lectura de obras clásicas de la antigüedad, una experiencia que seguramente muchos lectores han tenido al “ver” pasajes de autores de épocas anteriores. La experiencia de la lectura, entonces, consiste en un salir de uno para penetrar en el texto y luego en retornar a uno mismo otra vez, a reencontrarse, a reapropiarse de sí mismo, pero integrando a nosotros lo que nos ha dado la lectura. Ese es el viaje; esa es la experiencia de la lectura. Y es aquí donde está la mayor exigencia de la lectura, la que viene de la necesidad interior.

 La experiencia de leer no es la misma para todas las personas. No hay quien pueda aprender de la experiencia de otro; de un libro cada lector hace  su propia experiencia. Porque la experiencia de la lectura no radica en entender el significado literal del texto solamente, sino en vivirlo. Por lo tanto, en la verdadera lectura hay una relación vital entre el lector y el libro; quien lee por el gusto de hacerlo se entrega al viaje, a la aventura a la que le lleva el libro, y para ello, el lector tiene que entregarse en su totalidad.

Federico Nietzsche dice en Humano, demasiado humano: “Para todo escritor es una sorpresa siempre nueva que su libro, en cuanto se separa de él, continúe viviendo con vida propia;...el libro se busca lectores, inflama existencias, proporciona felicidad, espanto, engendra nuevas obras, se convierte en alma de principios y de acciones; en una palabra: vive como un ser dotado de espíritu y alma y, sin embargo, no es un hombre...” Como se puede comprender, la referencia a los libros y a la lectura de ellos va más allá de un código de palabras para descifrar; en los libros hay que ver, oír, sentir y probar aquello que se dice y también lo que no se dice.  En el fondo de las palabras hay algo más allá de lo que se dice.

Un libro, todos los libros, tienen una pluralidad de sentidos, es decir, tienen muchas lecturas. Porque un lector encuentra un sentido en un libro, pero otros lectores le hallarán otro sentido. De igual manera, un mismo lector percibirá un sentido, una idea que le queda de una primera lectura, pero seguro no será el mismo sentido, la misma idea de una segunda y una tercera lectura. Algo encontrará diferente cada vez; porque como dice Larrosa: “...no hay una lectura última y definitiva que dé el sentido verdadero”.

La preparación escolar, la lectura y la escritura pueden entenderse como cuestiones completamente interrelacionadas. Así debería ser, pero en la realidad no es de esa manera. Los estudios sobre lo que sucede en México respecto a este tema son motivo de profunda reflexión. En diversos momentos se han hecho importantes proyectos editoriales con sentido popular, se han creado bibliotecas públicas y escolares, se han hecho colecciones  especiales de libros para uso de las escuelas, y algo han dejado, pero no mucho. Se sabe que los lectores son pocos en relación a la inmensa cantidad de pobladores del país, esto es, el promedio de libros que se leen al año por persona es bajísimo.

Felipe Garrido, un profesional dedicado durante muchos años a la labor editorial de divulgación popular en las esferas de gobierno, en su texto El buen lector se hace, no nace, dice: “...hace falta formar en más gente el hábito de leer, hace falta que más gente sea capaz de acometer lecturas más exigentes; de comprenderlas, sentirlas y aprovecharlas”. Nos dice también que el mayor de   nuestros problemas sobre la lectura no está en que quienes son analfabetos no lean, sino en el hecho de que haya personas con nueve, doce o veinte años de instrucción escolar sin haber adquirido el hábito de la lectura. En síntesis, dice que es monstruoso que quienes terminan la preparatoria o una carrera universitaria no hayan conocido sino los libros de texto y, por lo tanto, sean incapaces de incursionar por ninguna lectura que no tenga otro fin que el desempeño profesional. Dice que “Si junto con los certificados y los títulos la población escolarizada adquiriese la afición por la lectura, ciertamente tendríamos un país más próspero, más justo y más democrático”.

El mismo Garrido sigue explorando en dónde están los problemas de la falta del hábito de la lectura y dice que la mayoría de nuestros maestros no son lectores. Expresa: “Muchas veces los he escuchado reconocer, con resignación, que no son lectores. . . Buena parte de los maestros y maestras, incluso los dedicados a la enseñanza de la lectura y la escritura no son, ellos mismos, lectores ni se sirven de la escritura...Es curioso que continuamente se capacite a los maestros en una multitud de aspectos, por lo común mediante materiales impresos, y sin embargo no se dediquen tiempo ni recursos a capacitarlos como lectores...Ser maestro debería ser sinónimo de ser lector”. Esos son los elementos de juicio de su propia experiencia de trabajo que comparte Felipe Garrido.

Otro asunto que contribuye a que no haya lectores auténticos, es decir, lectores que leen por voluntad y que lo hacen como hábito, es el que se refiere a la alfabetización como aprendizaje de letras, palabras y enunciados descontextualizados del medio social. Si se aprende a deletrear,  a medio leer y a leer sin el apoyo de lecturas que obedezcan  a las necesidades de las personas y de su entorno, no es muy probable que se adquiera el hábito de leer.

Se debe de estar convencido de que la lectura como hábito es fundamental en el desarrollo del individuo y de la sociedad. Los elementos que aquí se enuncian permiten darnos cuenta de que el propio sistema escolarizado no forma lectores. Freire decía que se encontraba con egresados de carreras de nivel superior que le manifestaban total limitación para hacer su tesis profesional porque no tenían facilidad para escribir. Así es que, en definitiva, aparte de otras acciones, aquí hay una tarea principal para quienes emprenden reformas educativas. La verdadera reforma educativa debe de proponerse hacer lectores en las escuelas de todos los niveles de escolaridad y poner especial énfasis en la formación y actualización de los maestros en este aspecto.

Quienes se inician en la placentera actividad de la lectura seguramente se preguntarán cuáles son las normas para leer un libro. En realidad la verdadera lectura no tiene reglas estrictas. La decisión de iniciarse en la lectura requiere de estímulos previos, de una motivación, de que se despierte la sensibilidad en quienes van a hacerlo. En esta parte siempre es importante que haya por lo menos un lector que tenga el deseo de “contagiar” a otros. Así lo expresa Garrido: la lectura no se aprende, se contagia.

Unos se iniciarán de una manera, otros encontrarán formas distintas. Lo deseable es que los padres les lean a los niños en su casa y los maestros en la escuela. Al comienzo pueden leerse textos breves en voz alta, seleccionados en función de los intereses de los oyentes. Después pueden ser textos un poco más extensos. Se pueden hacer comentarios e interpretaciones de lo que se lee. Más adelante es conveniente que el lector se vaya internando, él solo, en la lectura personal, en la lectura silenciosa. Se pueden recomendar libros cortos de fábulas, pequeños cuentos, historias breves. Después se pueden leer poesías sencillas, cuentos más largos y pequeñas novelas, libros de biografías y de historia particular que obedezcan siempre al interés del lector.

Es necesario precisar que el encuentro con la lectura es distinto en cada lector, porque cada individuo tiene sus tiempos, su capacidad al momento de comenzar y avanzar por sí mismo, sus intereses, preferencias, motivaciones individuales, deseos. Tal vez algunas recomendaciones sencillas serían las siguientes: buscar el espacio adecuado, es decir, el lugar donde se pueda estar con tranquilidad; no distraer la atención a la hora de leer y, por lo tanto, concentrarse en hacerlo; dar primero una mirada al libro: su portada, contraportada, índice, ilustraciones; si se considera necesario, tomar notas en un cuaderno o libreta de aquello que más le interese al lector cuando vaya leyendo; o subrayar  enunciados o párrafos que destaquen y que después se desee localizar. Al leer o escribir es importante tener a la mano siempre un diccionario.

Hace algunos años expresé que por experiencia propia podía afirmar que la lectura es fuente de vida, que la lectura de un libro nos crea la necesidad de ir a otro, luego a otro más y así sucesivamente. Pero que necesitamos la motivación inicial, y ésta es la que tenemos obligación de dar los lectores a quienes no lo son todavía. Porque, sin duda, la lectura permite el desarrollo del razonamiento, de la memoria, de la sensibilidad, del lenguaje, así como de la personalidad, y contribuye al enriquecimiento espiritual y cultural de las personas.

Adelaida Nieto, promotora de la lectura en Colombia expresó lo siguiente: “Leer es un acto real de amor entre el libro y el lector, si entendemos el amor como una forma de relacionarnos, en la cual el ser del otro es legítimo. Leer es un acto amoroso que nos permite mirar más allá de lo que ven los ojos”. El argentino Jorge Luis Borges escribió: “La lectura debe ser una de las formas de la felicidad”.


Publicado en 4 partes en Diario de Xalapa, los días 6, 13, 20 y 27 de octubre de 2014.

domingo, 5 de octubre de 2014



Por Lisardo Enríquez L.
Es motivo de satisfacción para todos los mexicanos, en particular para quienes aprecian la cultura, que exista en nuestro país una institución descentralizada del propio Estado Mexicano que desde su fundación en 1934 y hasta la fecha ha mantenido su producción y ha contribuido a divulgar el conocimiento, así como diversas manifestaciones de la creatividad humana a través de los libros. Se trata del Fondo de Cultura Económica (FCE) fundado por el historiador, economista y escritor Daniel Cosío Villegas, quien fue también su primer director.
El fundador de esta notable editorial mexicana dice en sus memorias: “El Fondo de Cultura Económica, pues, quedó organizado como un fideicomiso: los fideicomitentes serían las personas físicas o morales que aportaran recursos económicos al Fondo; el fideicomisario era el Banco Nacional Hipotecario y de Obras Públicas, que manejaría los dineros; y una Junta de Gobierno se encargaría del aspecto técnico, es decir, de la producción, distribución y venta de los libros. Esa junta quedó constituida (en aquel año) por Gonzalo Robles, Manuel Gómez Morín, Eduardo Villaseñor, Emigdio Martínez Adame, Adolfo Prieto y yo”. Dos dejaron pronto la Junta. A uno de ellos (a Gómez Morín) lo sustituyó Jesús Silva Herzog, otro destacado historiador  y economista mexicano.

Muchos escritores y poetas han dado su esfuerzo a la labor del Fondo, entre ellos Alfonso Reyes, Juan Rulfo, Juan José Arreola, José Gorotiza, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Carlos Pellicer, Carlos Fuentes, Salvador Elizondo, Alí Chumacero y Ramón Xirau. En un principio se pensaba que el FCE solamente estaría dedicado a publicar obras sobre economía. Esa fue la razón de que se llamara “de Cultura Económica”, no porque se hubiera tratado de vender libros muy baratos, aunque en los hechos ese ha sido su cometido. Pocas editoriales han ofertado materiales tan actualizados, abundantes, de contenido escrupuloso y a precio tan accesible como el Fondo. Actualmente tiene subsidiarias en Guatemala, Buenos Aires, Caracas, Lima, Santiago de Chile, Madrid y San Diego.

Para tener una idea, o repasar en la mente lo inmenso de la producción del FCE, es suficiente con citar el nombre de algunas de las Colecciones en las que se han publicado numerosos títulos, a saber: Breviarios, Popular, Vida y Pensamiento de México, Biblioteca Americana, Letras Mexicanas, Tierra Firme, Biblioteca Joven, Antropología, Obras de Historia, Lengua y Estudios Literarios, Educación y Pedagogía, Espacios para la Lectura y Conmemorativa 70 Aniversario. Los directivos actuales anunciaron que con motivo de los 80 años del Fondo de Cultura Económica habrá  en breve reediciones, entre ellas de los Breviarios; que se publicarán textos sobre el centenario del natalicio de Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas; además de obras nuevas.


El FCE ha tenido directores que han dejado su huella en el trabajo desarrollado ahí. Para terminar este breve comentario se puede citar la etapa que va de 1977 a 1982, en la cual estuvo al frente el crítico y escritor José Luis Martínez. Sólo en ese periodo se publicaron 701 nuevos títulos, así como la Colección de Revistas Literarias Mexicanas Modernas correspondientes a la primera mitad del siglo XX, en edición facsimilar. Es la muestra de una empresa que ha rendido frutos en México y que es ampliamente reconocida en el extranjero.

(Artículo publicado el 29 de septiembre en Diario de Xalapa)