domingo, 13 de octubre de 2013

Los cambios en la educación: del dicho al hecho.



Los efectos del Neoliberalismo. 


Por Lisardo Enríquez L.

El neoliberalismo llegó a su máxima expresión, luego de que el partido que gobernó durante doce años entregara la estafeta poniendo a los entrantes las mismas condiciones que los Estados Unidos de Norteamérica, los organismos internacionales y los grupos empresariales del país. De manera que el actual gobierno federal tomó el único camino que le dejó la presión interna y externa de los dominios económicos pero, además, con gusto. El desprecio por la prole se ve que fue aprendido en casa.

Hasta hoy no se visualiza una reacción para enmendar lo que se decidió con un grupo de personajes que en las fotografías muestran una gran semejanza con los científicos del porfiriato y que se trató de presentar como “el sentir de las mayorías”, esto es, la reforma a los Artículos 3º. Y 73 de la Constitución Política. Un diario nacional dice el viernes 4 reciente que la SEP abrió un sitio web para difundir “la reforma educativa” y desmentir los “mitos” en torno a ella, en donde se afirma: “No se aplicarán exámenes imposibles de acreditar; la educación no se privatiza; la iniciativa no fue impuesta por organismos internacionales; los maestros que reprueben no perderán su plaza; no se establecerán cuotas en las escuelas; no pretende desaparecer al sindicato o quitar derechos a los docentes”. Ese es el dicho.

Los hechos son completamente opuestos. Comenzó a circular hace unos días la “Guía Básica para colaborar voluntariamente en acciones de mantenimiento escolar” (¿voluntariamente?), en la cual se detallan las distintas actividades para el mantenimiento de los edificios escolares. Una lectura simple refleja que esto va en el sentido de reducir poco a poco lo que es la gratuidad de la educación y le empieza a pasar los costos a los padres de familia, ¿o no?

Pero esa guía es sólo el comienzo. Lo que se había anunciado como un diagnóstico para conocer la cantidad de escuelas, su estado, así como el número real de maestros, etc., está resultando otra cosa muy diferente. Están desplazándose a diversos lugares brigadas del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) para recabar información que se relaciona única y exclusivamente con cada uno de los trabajadores de las escuelas. También aquí hay una lectura obvia: se trata de incidir en la situación de cada uno de los maestros solamente, ¿En qué sentido? Eso no se sabe pero se intuye porque no hay explicación alguna. En esta, como en otras acciones, están dando la cara algunos presidentes municipales, actuando como inspectores escolares y casi como inquisidores, lo cual por supuesto no es por pura iniciativa propia, y si acaso lo es tienen que pararlos porque esas no son sus atribuciones. Los brigadistas del INEGI, por lo menos en algunos casos, también actúan como esquiroles preguntando a los docentes si saben lenguas indígenas y otras cosas que no contempla “su cuestionario” y que tampoco puede ser por mera casualidad. Como se puede ver, del dicho al hecho hay mucho trecho. Para una persona normal la pregunta sería: por qué tanta mentira y por qué tanta insistencia en ella.


Estas reformas se tienen que derogar. Sino hoy mañana. Porque están completamente fuera de lugar. Mientras se sigue la línea de desarticular la protesta con agentes dispuestos a jugar ese papel, o por agotamiento completo de los participantes o, lo más grave, mediante la fuerza que con ansia esperan los Anayas, los Villarreales, los Maderos, los Lozanos y, por cierto, los Chuayffetes. Estos últimos dicen que traerán grandes novedades pedagógicas de Alemania, lo que hace ver que en México ninguna experiencia educativa vale la pena rescatar, ni siquiera las necesidades actuales existentes en ese terreno. Así estamos.

(Artículo publicado el 7 de octubre en Diario de Xalapa)

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