jueves, 1 de septiembre de 2016

Tlacotalpan y el son jarocho, una historia.


Portada del libro Tlacotalpan y el renacimiento del son jarocho en Sotavento. 
Bernardo García Díaz, 2016. 



Por Lisardo Enríquez L.

El producto más reciente del trabajo de investigación del historiador Bernardo García Díaz es el libro Tlacotalpan y el renacimiento del son jarocho en Sotavento. El historiador recupera y recrea pasajes de la llamada Perla de Sotavento desde la época prehispánica hasta nuestros días, en una apretada y al mismo tiempo bella descripción de sucesos económicos, políticos, sociales, y por supuesto de las manifestaciones del arte originario y en contacto con otras influencias que incluyen lo indígena, lo europeo y lo africano.

Bernardo está en su plena madurez y este trabajo lo revela. Al leer este libro pareciera que una tarde a orillas del Papaloapan se puso a escribir y que en la madrugada siguiente estaba terminado su trabajo. Así se lee, de corrido. Todavía recuerdo cuando se inició en estas lides de la investigación con su tesis-libro sobre Santa Rosa, un pueblo fabril del porfiriato. Vinieron después otros productos de su investigación y no han parado. Es, además, un custodio de la historia de Santa Rosa-Ciudad Mendoza.

Un mérito que me parece importante de este historiador está en su gratitud al    equipo que lo apoya, entre quienes está Hilda Flores, a su institución a la que se debe, la Universidad Veracruzana, a los autores que ha consultado en sus obras como el antropólogo tlacotalpeño del indigenismo Don Gonzalo Aguirre Beltrán y a aquellos otros que todavía realizan diverso tipo de trabajo de campo con quienes ha tenido cercanía personal y a través de sus escritos, como es el caso de Antonio García de León, por citar dos casos relevantes.
Pues bien, en esta obra del 2016, García Díaz nos lleva de la mano a conocer Tlacotalpan en su historia bañada por el río de las mariposas, el que le ha prodigado vida y ensueño, pero también el que le ha ocasionado grandes inundaciones en el pasado y con ello daños. Recorremos la trascendencia que le dio la navegación para el comercio con el algodón, el azúcar, las maderas y el ganado. Nos asomamos a la riqueza pesquera que mucho sirvió como alimento a sus pobladores.

Pero Bernardo tiene un espíritu musical en su ser más íntimo, y ello le hace convivir con quienes enaltecen su cultura por la música. Así es el caso de su incursión al son jarocho. Primero señala cuando inició este ritmo vinculado desde su origen al fandango campirano del sotavento allá por 1692 y de ahí a los siglos siguientes, unas veces con más fuerza y otras bajando su intensidad.

De esta manera hace un recuento detallado de lo que ha sido el renacimiento del son jarocho en Tlacotalpan, en general en todo el Sotavento e incluso más al sur, a partir de 1980, o sea, hace poco más de dos décadas y media. Destaca al Grupo Mono Blanco como pilar de este renacimiento por ser de los iniciadores del movimiento jaranero, grupo que ha dado origen a otros como Son de Madera y Chuchumbé. Por supuesto registra personajes destacados en la interpretación musical, voz cantante, versificación, así como bailadoras y bailadores de tarima.

Y así, describe lo que es el ya legendario Encuentro de Jaraneros en las fiestas de la Candelaria, los encuentros jaraneros en otras latitudes del sotavento, en el sur de Veracruz y en Tuxtepec, Oaxaca. En Tlacotalpan el Grupo Siquisirí con su estilo, sones tradicionales y composiciones propias y los grupos actuales que vienen haciendo labor no sólo musical sino de promoción y defensa de lo suyo. En la décima también se cita a los hombres y mujeres de talento, como es el caso sobresaliente de Don Guillermo Cházaro Lagos.


Este libro, en el que tienen un lugar especial magníficas fotografías de Mariana Yampolski y de otros buenos maestros de la fotografía, los interesados lo pueden adquirir en las instalaciones del Instituto de Investigaciones Históricas y Sociales de la U.V. 

Artículo publicado en Diario de Xalapa el 22 de agosto de 2016