domingo, 24 de noviembre de 2013

El Movimiento Magisterial Mexicano de 2013

Movimiento magisterial en Xalapa, Ver. 





Para Lucas Martínez Torres y Amadeo Pérez Quiroz
En recuerdo de 1971 y 1974.
Por Lisardo Enríquez L.

Habían opinado los expertos, los investigadores, los estudiosos del fenómeno educativo, meses antes de “Las reformas”, que en esta materia no había que simplificar. Pero a mi manera de ver desde entonces las opiniones no importaron, se actuó simplificando a partir de inculpar a los maestros como los responsables únicos de las deficiencias educativas del país. Por supuesto no son los únicos responsables, y tal vez son quienes menos culpa tienen de lo que ocurre dentro del sistema más amplio en el que no hay mucho que sirva de ejemplo a la ciudadanía y menos a los niños y jóvenes que es a quienes debiera estimular.

Miguel Limón Rojas, Secretario de Educación Pública de 1995 a 2000 dijo hace poco más de un año: “...descalificar a la educación pública por las grandes debilidades que existen, por los muchos asuntos que ameritan reprobación y correctivos no tiene que llevar a desconocer el valor del trabajo que realizan decenas de miles de maestros respetables, que hacen su tarea responsablemente en las escuelas del país. Esto no puede ser desconocido”.

 Se habló de mejorar la calidad educativa pero en los hechos se comenzó por hacer cambios en materia constitucional y en general de legislación en sentido opuesto a lo que decían, entre otros, Limón Rojas. La información a través de la televisión ha sido de lo más vil y despreciable por decir lo menos, y algunos  personajes entrevistados se mostraron más como buscapleitos que como altos funcionarios de gobierno. Todas esas actitudes resultaron graves para quienes de momento quedaron arrinconados como el oprobio de la nación: los maestros.

A la población mexicana y a los maestros en particular se les trató como gente de escasa inteligencia. Se dijo que no estaban informados, que no conocían las propuestas. Muchos medios informativos, especialmente las grandes cadenas televisivas, contribuyeron a denostar al magisterio, con intereses muy concretos de una visión empresarial. Quedó demostrado después, en parte por las prisas con que se actuó, que muchos “legisladores” eran los que no conocieron el contenido de aquello por lo que votaron a favor. Votaron por otras razones que debieran aclarar con sinceridad a quienes los eligieron.

A los trabajadores de la educación, como a los de otros sectores, se les ha controlado a través de un sindicato. El gobierno en turno se ha servido de dirigentes sindicales para “controlar a las masas” y algunos lo han presumido a través de grandes concentraciones en lugares escogidos para el lucimiento personal, según conviene al momento. Por supuesto ese servicio ha tenido jugosas retribuciones. Pero en cada sindicato siempre ha habido voces de denuncia. En el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) hubo hace mucho tiempo un movimiento disidente encabezado por el Profr. Othón Salazar. Y han surgido otros que no voy a citar por ahora, algunos de carácter regional o local. Hasta que nace la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación como órgano disidente dentro del propio SNTE, que es la que ha dado la batalla como instancia democrática en varios estados del país, entre ellos Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas durante más de dos décadas, con estrategias que a muchos no les agradan.

Las iniciativas del gobierno correspondientes a este año, cuya finalidad sí advirtieron los maestros, dieron cauce y causa al desbordamiento de la inconformidad. Y no fueron los comunistas, ni el EPR, ni el EZLN, ni intruso alguno el que dio “línea” a los maestros para que dejaran las aulas y salieran a la calle. Fueron las medidas que se estaban emprendiendo en el gobierno. Eso lo saben muy bien quienes defendieron las propuestas reformistas, pero sus declaraciones eran para ganarse a los ciudadanos que realmente estuvieran al margen de estos acontecimientos y que prefieren callar o aceptar las cosas como vienen “para no meterse en problemas”.

Lo cierto es que la protesta del magisterio pidiendo la abrogación de las reformas a los Artículos 3º  y 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como la de las llamadas leyes secundarias, se generalizo por todo el país. No se recuerda en el pasado reciente una movilización de tal magnitud. Este es un movimiento inédito. Es mucho lo que puede decirse a nivel nacional y por entidad federativa. Independientemente de lo que suceda en las semanas y meses por venir, este movimiento, que ha sido inédito, ya quedó registrado por la historia. Como han dicho algunos analistas: después de esto ya nada será igual.

El movimiento no tuvo un nivel más orgánico porque salió de la espontaneidad, pero es mucho lo alcanzado durante su desarrollo. Sobre la marcha surgieron estrategias y coordinación que han demostrado madurez, capacidad, talento e inteligencia de sus actores, no obstante, o a pesar de las tácticas de quienes tienen todo para acallar la protesta. En el estado de Veracruz tal vez sea más inédito que en otros lugares. Un estado donde no se había visto un fenómeno de esta naturaleza: marchas multitudinarias, la Plaza Lerdo “a reventar” en varias ocasiones.
Las marchas multitudinarias se vieron no sólo en Xalapa, sino en muchas otras ciudades del estado, entre ellas Tuxpan, Veracruz-Boca del Río, Orizaba, Córdoba, Minatitlán y Coatzacoalcos, pero no las únicas. Maestros estatales y federales juntos, de todos los sindicatos pero sin siglas y sin dirigentes “formales”. Maestros urbanos, maestros rurales, hombres, mujeres, jóvenes, de mediana edad, adultos mayores. Y la ciudadanía apoyando al sonar el claxon de su automóvil, llevando a los paristas apostados en los edificios públicos donativos como agua para tomar, café, atole, tamales, tortas, víveres para preparar, lonas, etc.
Los maestros del aula a la calle, bajo el sol o la lluvia; caminando o viajando; en marchas, plantones, toma de edificios públicos, de casetas en las autopistas; de guardia o en reuniones; de día o de noche. Alimentándose sin horario, a la hora que fuera posible y con lo que hubiera a la mano. Todo esto después de soportar la soberbia, el desprecio, la burla; de llevar como un estigma la sumisión; después de ser utilizado, engañado, amenazado, mediatizado; enfrentando la inseguridad con temor; arriesgándose a la incertidumbre y a lo que fuera, no obstante el coraje y la decisión que afloró. A quienes se quejaron de ser víctimas de los desmanes de los maestros revoltosos, ¿Les parece cómodo hacer esto? ¿Creen que es sencillo? ¿Piensan que era por gusto? ¿Consideran que había otras formas de mostrar la inconformidad? ¿Cuáles? ¿Con cuáles posibles resultados?

Al iniciar el mes de noviembre esto no ha terminado. Y ahora ya hay víctimas cuyas muertes es importante aclarar. Más allá de este tributo a los maestros de México y de Veracruz en particular, es deseable que quienes han detentado el poder reconsideren su actuación. Los tiempos ya no son para usar los cargos públicos con tanta soberbia, con el nepotismo que ya quedó de manifiesto al darse a conocer los sueldos de muchos “comisionados” (que no son sueldos de maestros) y la larga fila de parientes en plazas de la Secretaría de Educación. Ha llegado la hora de que los funcionarios pasen por evaluaciones para acceder a los cargos, que sean personas con probada solvencia moral y con la formación y capacidad que se requiere para estar al frente de cualquier puesto relacionado con la delicada tarea de la educación. En la Secretaría de Educación Pública hace falta una persona que en algo se parezca a Don José Vasconcelos, al Lic. Narciso Bassols o al escritor Jaime Torres Bodet. Cuando menos en algo.


Artículo publicado el 15 de noviembre en La Jornada Veracruz. 

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